La historia no le perdonará haber llevado tan lejos una vil mentira

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La historia no le perdonará haber llevado tan lejos una vil mentira.

La mentira está instalada en la vida política española como en ningún otro país europeo, salvo en los Balcanes, Grecia incluida, o los rincones más pobres de la Italia meridional. Y solo es comparable, en su omnipresencia e impunidad, con la practicada en países árabes o en los más maleados de los estados iberoamericanos. Tengo mi particular teoría expuesta en el libro «Días de ira» de que, aunque tenga también remotos orígenes en los miedos tras la expulsión de judíos y moriscos, en la Inquisición y el franquismo, el triunfo total de la mentira en España se produce por la gran falacia del antifranquismo. Para ser parte de la nueva España se convirtió en obligación, para todos menos para la mínima oposición real habida, el falsificar los sentimientos propios o ajenos y la realidad vivida.

Se aceptó al grito de «todos antifranquistas» la gran mentira de formar parte de un pueblo de resistentes antifranquistas, todos cruel y monstruosamente sojuzgados desde el 18 de julio de 1936 hasta más allá del 20 de noviembre de 1975. Para no ser tachado de fascista o franquista y no ser marginado y estigmatizado, había que descalificar a la dictadura y todo lo hecho y defendido por ella, aunque se mintiera sobre los propios afectos, la propia biografía y la propia percepción de los hechos. Así todos se acostumbraron a mentir. Y todos sabían que todos mentían. Por eso se perdona la mentira en España como en ningún país de Europa. Nadie respeta la verdad porque nadie cree que merezca la pena sacrificar nada por defenderla. De ahí la desdramatización de la mentira basada en el secreto compartido por todos de que todos mentimos para vivir más tranquilos. Es la tiranía de la mentira que hace que se persigan con saña muchas verdades con el arma arrojadiza del «facha» o «franquista» aún hoy, cumplidos 40 años del final de la dictadura.

Los referidos listones en la osadía de la mentira en España han sido todos ya superados con gran margen por el espectáculo de la mentira olímpica que nos ofrece el líder del PSOE, Pedro Sánchez. Nadie había llevado tan lejos la mentira, nadie había sostenido con tanta procacidad una falsedad tan grave, de tan terribles consecuencias potenciales para la sociedad española como es su permanente engaño desde el 21 de diciembre pasado sobre sus intenciones de formar gobierno. Todos los demás políticos han cumplido sus lamentables papeles. Mariano Rajoy en la equivocación permanente de su ciega soberbia, Pablo Iglesias en su feroz ambición totalitaria, Albert Rivera en su equilibrismo inconsistente. Pero la historia no perdonará a Pedro Sánchez su vil y premeditada pretensión de engañar a todos los españoles con su farsa de estos meses. A sabiendas de que su única oportunidad de ser presidente con 90 escaños era y es reunir a todos los enemigos de la democracia y de España y asumir consecuencias catastróficas y probablemente irreparables para la libertad, la seguridad y el bienestar de España. Y lo peor es que sigue obstinado en ello.

Periodista Digital

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