LA IGNORANCIA SUPINA

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LA IGNORANCIA SUPINA

Bailan sobre lo que será su tumba.

No son malos, son estúpidos. Jamás estudiaron algo que mereciera la pena, sólo leyeron manuales, escucharon mítines y repitieron consignas.

Son tan ignorantes que se han creído que estos líderes se preocupan por ellos y les van a sacar de la miseria económica y moral en la que viven, aunque ya han empezado a demostrar que les encanta ganar dinero y no declararlo , pedir que les abran la sala de autoridades de los aeropuertos, cobrar en negro y vivir de lujo como sucede en todas las nomenclaturas comunistas.

Solo reparten palabras de condena y gestos de odio, y los que les siguen les aplauden porque ése es parte de su alimento.

Tienen a su favor que muchos disfrutan con el mal que hacen, y se sienten bien porque se identifican con los nuevos políticos entre los que hay gente iletrada, que ha trabajado poco o nada y que está dispuesta a intentar destruir cualquier vestigio, tradición o logro del sistema.

Los que les admiran van a tardar en darse cuenta de que este proceso siempre tiene varias fases.

Como dijo Bertolt Brecht, cuando los gobernantes con vocación de dictadores – ya sean de derechas o de izquierdas – empiezan a perseguir, acosar, excluir o denostar a un grupo de ciudadanos por razón de su ideología o sus creencias, nadie está libre de esa amenaza, porque son insaciables y al final hasta los indiferentes son sus enemigos. No importa que seas comunista si ellos son comunistas, o fascista si ellos son fascistas.

Los dictadores – y a ellos me estoy refiriendo en estos momentos en España, porque intelectualmente lo son – solo soportan y admiten a los incondicionales, y al final los palmeros que hoy les jalean serán sus futuras víctimas, y entonces como decía el escritor alemán.

Los nuevos son ya muy viejos y solo se distinguen de los antiguos en que son menos aseados, pero sus modos dictatoriales de comportarse les delatan. Tienen no obstante una ventaja y es que siembran sobre la injusticia para recolectar las voluntades de los que más la sufren para volver a dejarlos abandonados.

La fiesta de los nuevos políticos lleva camino de convertirse en orgía pero a esa bacanal no estarán invitados quienes hoy les aplauden y admiran, porque ellos también están llamados a ser sus víctimas .

Diego Armario

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