La investidura de la palabra plural

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La investidura de la palabra plural

Estos días en el parlamento, mucho más claramente que en las anteriores sesiones, se está escenificado la España real, porque ante la inevitable investidura de Mariano Rajoy todos los grupos han mostrado su verdadero rostro.
España es tan plural como los grupos parlamentarios que se sientan en los escaños y tal vez aún más, porque hay ciudadanos en uno y otro extremo de nuestra sociedad, que piensan que los actuales diputados son unos tibios por la derecha o la izquierda.

La palabra nunca debe dar miedo por muy dura que sea, y menos cuando se pronuncia desde la tribuna del Congreso, y en esta sesión se han dicho palabras gruesas, apelaciones tal vez desmesuradas e incluso se han escuchado insultos, pero eso no debe escandalizar porque los diputados están llamados a tener la piel dura ya que el resto de los ciudadanos también están expuestos a la controversia y a la desmesura.

Por eso las sesiones parlamentarias como las de estos días a veces reconcilian a los ciudadanos con sus representantes, porque las voces plurales que se han subido a la tribuna del Congreso hacen que nadie se sienta excluido de la oportunidad de imaginar con que sus sueños tengan una oportunidad. La palabra, en la sede del parlamento, jamás es excesiva aunque a veces suene a exabrupto, porque es el arma dialéctica de la democracia, el espacio y el escenario en el que los límites se diluyen y casi no existen, entre otras razones porque si se censurase la palabra, el parlamento dejaría de ser un instrumento de la democracia.

En estas horas se han escuchado insultos, descalificaciones y advertencias amenazadoras por parte de más de un grupo, y lo saludable es que sus portavoces han dicho lo que les dictaba su ideología o su conciencia y lo que les pedía el cuerpo.

Dicho esto, hoy podría hablar de lo que ha dicho Rajoy, Hernando, Iglesias, Rivera, los catalanes, los vascos, los canarios, los gallegos, y los canarios, pero lo que me presta subrayar es que esta legislatura tiene visos de ser un periodo en el que a la fuerza ahorcan, y eso significa que el fin de las mayorías absolutas y el comienzo de la necesidad de pactarlo todo acabará con los vicios de los gobiernos autistas y los obligará al diálogo, a las cesiones y al acuerdo.

La razones que tienen unos para apoyar la candidatura de Rajoy y las que tienen otros para oponerse a ella siguen siendo válidas y respetables pero, como dice el refrán ” de nada vale ya llorar sobre la leche derramada” , y de lo que se trata ahora es de hacer política de verdad mientras dure la legislatura, porque el futuro empieza hoy aunque no sabemos quién lo liderará mañana, y eso dependerá de cómo actúe cada partido político de aquí a las próximas elecciones.

Diego Armario

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