LA IZQUIERDA AMARILLA

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LA IZQUIERDA AMARILLA

Marea groga (marea amarilla) en Barcelona. Piden diálogo los que apedrean sedes de partidos constitucionalistas. Jaulas y niños en los hombros de sus padres, “sonrisas de la primavera republicana”. Menos gente, pero aún mucha: entre 350.000 y 750.000, según quien cuente los cuerpos.

En la manifestación estuvo la izquierda, al mando de Ada Colau, que declaró que España está en un momento de regresión democrática. Al ver las imágenes de Barcelona me he acordado del PCE, cuando en la Transición acertaba en los diagnósticos. En este aniversario de la República, el partido ha publicado comentarios en los que dice que caminamos hacia una monarquía autoritaria y corrupta, que el Régimen del 78 ha confundido la Constitución con las tablas de la ley y que ha mostrado su agotamiento, llevando a España a una crisis territorial. Los sindicatos -en otro tiempo, de clase- apoyan el supremacismo, que en toda la Europa de la razón se tiene como responsable de limpiezas étnicas.

La izquierda española ha sentido una inexplicable atracción fatal por el separatismo. Véase la última revuelta de Cataluña: hace más énfasis en las equivocaciones del Estado que en el asalto a las leyes y a la soberanía nacional.

Todo eso ocurre cuando el Gobierno español parece dispuesto a pasar por debajo de las horcas caudinas: esta expresión procede de una humillante derrota de Roma, cuando sus legiones fueran acorraladas en un desfiladero de los Apeninos por los samnitas después de que éstos, disfrazados de pastores, les engañaron indicando una falsa posición y fueron cercados en el abismo. Algunos fueron asesinados y otros, obligados a pasar por debajo de las lanzas, llamadas “horcas caudinas”, como una forma de vejación. Los secesionistas, disfrazados de encantadores pastores, están atontando al Gobierno español, metiéndolo en la hondonada.

Un alto dirigente del Estado me explica que la petición de la euroorden por la Fiscalía española no sólo es una chapuza jurídica, sino un texto mostrenco, de zoquetes. La diplomacia del Estado ha sido arrollada por los que predican metafísica para monos, por los fanáticos de lo improbable, aplaudidos por los equidistantes en un momento en que ser equidistante es ser traidor. Los separatistas vuelven pensando que la batalla se resolverá en las calles y sueñan con un mayo catalán apoyado por sectores de la prensa y la televisión.

Ante tanta cobardía, habría que recordar al Conde de Las Almenas, uno de los creadores del regeneracionismo, que denunció la corrupción política en el desastre colonial en 1898: “Hay que arrancar de algunos pechos muchas, pero muchas cruces”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )