LA MANIPULACIÓN HISTÓRICA DE LA IZQUIERDA

carreraño

UNA CLARA MUESTRA DE LA MANIPULACIÓN HISTÓRICA DE LA IZQUIERDA.

Hace unos días el diario El Mundo publicaba un artículo titulado La Barriada de Falange en el que criticaba la creación, a mediado de los años cincuenta, de un barrio de viviendas protegidas en Alicante al que se le dió el nombre de José Antonio Primo de Rivera y a sus calles, el de destacados militares y políticos de la Guerra Civil y la posguerra. El artículo es un compendio de tópicos, además de un claro ejemplo de manipulación histórica en cuya práctica, no ahorra la ocultación de hechos importantes para entender la realidad. Curiosamente, este artículo no obedece a los dictados de la Ley de Memorida Histórica, pues ésta ya pasó por la barriada José Antonio antes de promulgarse cuando el alcalde socialista Lusi Lassaletta borró del callejero todos los nombres de la historia de España de los cuarenta años de franquismo.

La barriada fue una obra social del Instituto Nacional de la Vivienda, en la que trabajaban falangistas que, en el conjunto de España, gestionaron cientos de miles de viviendas sociales para personas con pocos recursos económicos. En concreto, estas 632 viviendas fueron a caer en manos de personas con pocos recursos, en su mayor parte empleados del puerto de Alicante y de varias fábricas de la ciudad.

Entre las cosas que oculta se encuentra el hecho de que José Antonio Primo de Rivera, a quien el autor califica con un despectivo “hijo del dictador Miguel Primo de Rivera”, fue asesinado en la cárcel de esa ciudad el 20 de noviembre de 1936 tras pasar en la cárcel desde el 14 de marzo. Es decir, fue encarcelado en plena Segunda República y no participó en el Alzamiento. Su crimen fue un asesinato político por cuestión ideológica, algo que en este tipo de artículos siempre se oculta.

Entre las mentiras con la que el autor siembra su artículo se encuentran algunas tan ramplonas como decir que: “el cruel general José Moscardó Ituarte, quien tras tomar el Alcázar de Toledo lo defendió usando de muralla humana a destacados republicanos y al propio Gobernador Civil con sus hijos y esposa”. La verdad es que Moscardó, que era coronel en julio de 1936, no tomó el Alcázar, sino que se acuarteló en el edificio y se hizo fuerte en él, dando refugio a muchos civiles que lo pidieron. Uno de ellos fue Manue María González, Gobernador Civil de Toledo, que junto a su mujer y sus hijos pidió protección a Moscardó y renunció a su cargo. Según declaró, por el pánico que sentía a ser asesinado por los milicianos que campaban a su aire por Toledo. Quién sí que fue asesinado, por la negativa de su padre a rrendir el Alcázar, fue Luis Moscardó, hijo del coronel.

Otra de las mentiras tradicionales de la historiografía marxista que reproduce el artículo es la que hace referencia a la supuesta represión que cometió Juan Yagüe en Badajoz tras la toma de la ciudad. Es de agradecer que no repita el absurdo de la corrida de toros en la que se habrían toreado a los prisioneros republicanos, sobre todo tras quedar demostrado que la plaza había sido bombardeada días antes y era imposible hacer uso de la plaza. Además, como han demostrado los historiadores Francisco Pilo, Moisés Domínguez y Fernando de la Iglesia en su libro “La Matanza de Badajoz ante los muros de la propaganda”, no hubo una represión de 4.000 personas tras la toma de la ciudad extremeña. Esta se reduce considerablemente a una cifra muy inferior de un par de centenares y todos ellos sometidos a juicios de guerra.

Del general Queipo de Llano dice que es inductor de la violación de numerosas mujeres en Andalucía tras alentar a ello en sus crónicas radiofónicas. Otro mito del que no hay ningún tipo de prueba. Una leyenda de transmisión entre determinada historiografía que nace de declaraciones de supuestos oyentes. La verdad es que ni se alentó a ello ni se produjeron esas violaciones. Es curioso que a los escritores de izquierdas les llame la atención esa información falsa y que jamás recuerden que la violación fue una técnica de tortura recurrente para doblegar a las religiosas detenidas en la retaguardia republicana. Hay cientos de casos comprobados de violaciones previas al asesinato de estas víctimas.

Finalmente le llega el turno a otro de los generales que tenía calle en la barriada José Antonio: José Monasterio Ituarte. De quien, como no tiene bulo tradicional de la izquierda para atacarle, se limita a decir que fue golpista. Es cierto que se sumó al Alzamiento desde el principio obedeciendo las órdenes de su inmediato superior, el general Cabanellas. Durante la guerra se limitó a hacer su trabajo al frente de la Caballería del Ejército Nacional. Es odiado por haber pasado a la historia tras haber mandado la última carga de caballería de la historia militar de España, en Alfambra (Teruel), donde derrotó al Ejército Republicano con fuerzas muy inferiores permitiendo con su acción la recuperación de Teruel, única capital de provincia que habían conseguido recuperar los republicanos durante toda la Guerra Civil.

El artículo, en definitiva, no es sino una muestra más del desconocimiento de la historia de España, en el mejor de los casos. Y en el peor, otro nuevo intento de falsearla con una clara finalidad política. Aunque en este caso sea con “efecto retroactivo”, ya que el callejero de los militares españoles fue eliminado de Alicante hace más de veinte años.

La Gaceta

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