LA PEOR DEFENSA

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LA PEOR DEFENSA

La peor defensa es un mal ataque. Es una vieja lección que estos días no dejan de repetirnos. En forma de tragedia romana para el Barça. En forma de farsa legalista contra la querella del Parlament.

En presunta defensa de Llarena y del Estado y el derecho salió el ministro Catalá y con él Arrimadas, Albiol y tantos más a decir que la querella contra el juez es una amenaza y que es igual que hacerle un escrache o señalar con pintura su presunto hogar. Cuando no es lo mismo sino justo lo contrario. Y hacen un flaco favor a la ley y a la democracia a las que dicen defender cuando condenan con el mismo tono y en los mismo términos unos ataques violentos, siempre intolerables y siempre condenables, y un recurso judicial, perfectamente legal y por lo tanto perfectamente legítimo.

Más aún cuando el Parlament no tiene sólo el derecho sino que tiene incluso la obligación de querellarse contra Llarena o contra cualquier juez cuando considere que comete una ilegalidad en contra de la Institución. Que lo considere cierto o lo considere conveniente debe ser motivo, sin duda, de disputa política, pero no niega en ningún caso que el Parlament tendría el deber de denunciar cualquier ilegalidad para proteger, como decía el President Torrent, los derechos de todos los diputados y, con ellos, los de todos los ciudadanos catalanes y españoles.

Esta es quizás una lección que los independentistas han aprendido demasiado tarde, porque estas cosas siempre se aprenden demasiado tarde y porque los Plenos del 6 y 7 de septiembre quedan ya muy lejos. Pero es una lección que hay que aprender y es por eso un aprendizaje que habría que celebrar. Porque cada paso que el independentismo da dentro de la ley es un paso que refuerza al Estado, a su derecho y a sus instituciones. Y un reconocimiento implícito de esta ley y de esta legitimidad.

Por eso mismo, cada vez que la gesticulación partidista lleva a denunciar como delictivo el uso legítimo de las leyes, de los derechos y de las instituciones que puedan hacer los independentistas, se le hace un flaco favor al Estado y a la democracia. Porque parece hacerse lo mismo que se denuncia; poner las leyes, los jueces y el Estado de derecho al servicio de la causa partidista. Legitimando así, implícitamente y en nombre de la democracia, la tiranía de unos jueces que serían inapelables y donde cualquier condena legal sería una condena política.

Ferran Caballero ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor