LA PIEL Y LA BOCA

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LA PIEL Y LA BOCA.

El diputado Joan Tardà le reprochó a Soraya Sáenz de Santamaría unas declaraciones de Pablo Casado y la vicepresidenta le respondió que Esquerra tiene la piel más fina que la boca. La frase gustó por su brillo pero lo que realmente importa es que ésta va ser en esencia la contestación del Gobierno al separatismo. A cada desafío una respuesta exacta, proporcional, de un sentido común que caiga por su propio peso y sin bajar al circo que precisamente se quiere combatir.

El coro de las histéricas clama cada día por los tanques entrando por la Diagonal y por la suspensión de la autonomía. Es lo mismo que esperan los independentistas para poder hacer el victimismo internacional del reprimido, en un mundo en que la demagogia puede convertir la verdad y la mentira en cualquier cosa.

Ni el Gobierno puede rebajar al Estado al número de los elefantes ni el presidente Rajoy puede formar dúo cómico con Puigdemont. El Gobierno tiene que hacer cumplir la Ley del modo más seguro, discreto y eficaz para todos; y aunque el resto de España esté harta de Cataluña, el presidente Rajoy no puede incendiar el escenario para quedarse a gusto sino que, tal como hacemos los padres responsables, tiene que reconducir al hijo díscolo hasta encauzarlo, porque no se trata de destruir al enemigo, sino de devolver a la normalidad institucional a una parte de España que está siendo gobernada por personas que han calculado mal su fuerza y sus posibilidades.

 De nada sirven las exhibiciones de una fuerza innecesaria, que por otro lado tanto pueden perjudicar a la más justa de las causas en una comunidad internacional tan pueril y mentalmente débil.

Con la contención, la prudencia y la audacia se preserva la convivencia y el orden, se juzga a quien tiene que ser juzgado sin regalarle el drama que está buscando y, sobre todo, se gana.

Mira el 9N: Artur Mas ya no es presidente y va a ser inhabilitado, Francesc Homs lo mismo y Convergència ha perdido hasta el nombre, además del grupo parlamentario en el Congreso y cualquier posibilidad de ganar sus elecciones autonómicas, eso si entre tanto detenido le queda alguien para presentar. Y aunque escuchando al coro de las histéricas parece lo contrario, Cataluña sigue formando parte de España.

Salvador Sostres ( ABC )

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