LA PINZA

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LA PINZA

Cuando Pedro Sánchez le soltó a la cara a Rajoy en el debate electoral de diciembre de 2015 que no era una persona decente, nadie podía sospechar que dos años más tarde la relación entre ambos iba a ser tan llevadera. Hasta Javier Fernández, el paréntesis provisional que sostuvo el partido entre el Sánchez muerto y el Sánchez resucitado, reconoció el otro día su asombro por lo bien que los dos se llevaban ahora. Con la sorna propia de su tierra, el presidente asturiano celebró el cambio y deseó que sirviera para solventar la reforma de la financiación autonómica y para mantener a buen recaudo la respuesta mancomunada al desafío catalán. Ahora sabemos que se quedó corto.

A Sánchez no solo le interesa tender puentes con Rajoy en los grandes asuntos de Estado. Parece evidente que también quiere llegar a acuerdos con él para putear a Ciudadanos todo lo posible. Nada une más que un enemigo común y es un dato científico, medido en todas las encuestas, que Rivera ha entrado a saco en el vivero de votos de los dos partidos. Al PP se los roba a manos llenas y al PSOE en cantidad suficiente para contrarrestar el crecimiento que le proporciona el hundimiento de Podemos.

Esta semana hemos visto tres buenos ejemplos que sirven para medir el alcance de esa pinza insólita. Primero, el ominoso silencio del PSOE tras las revelaciones testificales de Ricardo Costa contra Francisco Camps. Es la primera vez que los socialistas renuncian a tirarse en plancha para rematar a puerta un centro judicial de esas características. Segundo, la marginación de Rivera durante el compadreo -luego elevado a categoría de patinazo bochornoso por el dictamen del Consejo de Estado- para recurrir el debate de investidura de Puigdemont. Y tercero, el rechazo a la comisión de investigación sobre los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils. Margarita Robles votó en contra de la petición de Ciudadanos con el argumento asombroso de que se trataba de una frivolidad exclusivamente dirigida a instrumentalizar el terrorismo en beneficio propio.

Hay tantos puntos oscuros alrededor del atentado que sorprende la actitud del PSOE de no hacer todo lo posible para esclarecerlos. ¿Frivolidad, dice Robles? A otro perro con ese hueso. ¿O acaso no es frívolo renunciar a la búsqueda de la verdad por el simple hecho de no querer que un adversario político se apunte el tanto?

La consecuencia más evidente de esta nueva política de socorros mutuos entre Sánchez y Rajoy -calabazas a la comisión de investigación aparte- es que se aleja el riesgo de que se acorte la legislatura. Es posible que Rivera estuviera jugando a provocar la disolución de Las Cortes para aprovechar el viento de cola de las elecciones catalanas, pero está claro que los intereses de la pinza PP-PSOE van por otro camino. Ambos necesitan tiempo. Los socialistas lo necesitan, en primer lugar, para vampirizar un poco más la sangría de Podemos y seguir creciendo por la izquierda, y después para contener la hemorragia hacia Ciudadanos y no menguar por el centro. El PP tiene urgencia en hacer lo propio con lo segundo. Pincho de tortilla y caña a que el deporte de tomarse a chunga a «Chutatans» acabará convirtiéndose en una carrera de fondo que durará hasta que Rajoy convoque las elecciones. Tenemos matraca hasta 2020.

Luis Herrero-Tejedor ( ABC )