LA PREGUNTA DEL MILLÓN

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LA PREGUNTA DEL MILLÓN

Si  Carles Puigdemont intentaba embolicar a Mariano Rajoy, no sabía con quién se jugaba los cuartos. A una fingida declaración de independencia del gerundense le ha contestado el de Pontevedra con una encubierta declaración del artículo 155. Intentaba el president de la Generalitat poner en marcha el proceso soberanista con argucias legales y se ha dado de bruces con la pregunta de si ha declarado la independencia, que sólo tiene un sí o un no como respuesta. De responder lo primero, cae de lleno en el ámbito del citado artículo, dedicado a los casos en que una comunidad autónoma incumple las obligaciones que la Constitución le señala.

De contestar lo segundo, le aguardan sus socios de gobierno con los cuchillos afilados por no haber cumplido lo pactado. De momento prefiere no responder, diciendo que sólo pregunta, no contesta, aunque todo apunta a que prefiere el sí -siempre es mejor morir como mártir que como traidor, pero morir, aunque sea sólo políticamente, nunca es agradable-. Intentará por todos los medios alargar su estancia en el Palau de la Generalitat, pero huele ya a cadáver, no sólo para sus enemigos, sino también para sus aliados. Sólo el círculo de su entorno, consciente de que desaparecerá con él, cierra filas en espera de un milagro. Pero se han equivocado tantas veces, han mentido tanto y hecho tantos falsos cálculos que a lo más que pueden aspirar es a no ir a la cárcel. En el debate parlamentario de ayer tarde, Rajoy respondió adecuadamente a todos.

Lo que tampoco quiere decir que lo tenga fácil. «Queda mucho partido», dicen en el fútbol, y un bandazo del destino puede dejarlo al pie de los caballos. «¿No pudo invocar antes al artículo 155? -es lo que más se oye-. Nos hubiera ahorrado muchos sofocones». En efecto, nos los hubiera ahorrado, pero ¿se imaginan qué hubiera dicho la oposición ante medidas tan fuertes cuando sólo había alusiones a la «libre determinación», cuando Pedro Sánchez se negaba a toda colaboración con el Gobierno, cuando apenas se hablaba de independencia? Lo menos que le hubieran llamado era precipitado. Hoy, en cambio, hasta Sánchez apoya su reacción ante el golpe de Estado de los secesionistas. Mientras estos se hallan en plena desbandada, tras fallarles su retaguardia: la banca y las empresas. Sin ellas, Cataluña es un desierto.

Pero Rajoy debe ser también consciente de que su táctica de aguantar ha llegado a su fin. Ante el desafío separatista no basta resistir, hay que dar la batalla, como la está dando la Justicia, y el Gobierno tiene la obligación de capitanearla, para algo es el «Ejecutivo». En otro caso, se convertiría en un Gobierno español más que ha abdicado de sus funciones en Cataluña. Y ya hemos tenido bastantes. Demasiados, diría. Tiene medios para ello y se ha cargado de razones, facilitadas por unos gobernantes catalanes que nos han mostrado por qué Cataluña no ha llegado nunca a ser un Estado: tienen ideas para todo menos para gobernar.

Jose María Carrascal ( ABC )

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