LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA

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LA PRESUNCIÓN DE INOCENCIA.

En la catarsis que vivimos, no queda más remedio que ocuparse de la corrupción -no mucho mayor que la de Francia o Italia, por cierto-, y de la forma en la que la combatimos. El caso del presidente de Murcia, exento de culpa mientras no se demuestre lo contrario, viene a evidenciar que la lucha contra la inmoralidad de la que se han apropiado algunos partidos está por encima de toda garantía, y les legitima para cualquier abuso de autoridad contra la que debía ser una de las más nobles categorías profesionales: la clase política.

Entre esos excesos, se encuentra la negación de una condición fundamental en los Estados de Derecho, justo la que los diferencia de la arbitrariedad de una dictadura: la presunción de inocencia. Hacer dimitir por una sospecha o por un proceso torticero se me antoja antes un paso atrás en la calidad de nuestra democracia que un avance, como algunos pretenden. De continuar deslizándonos por este camino, podemos convertir la guerra contra los corruptos en una verdadera corrupción del propio Derecho.

El Astrolabio ABC

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