La pulsión narcisita de Albert perjudica su liderazgo

albertrivera

Ignacio Camacho aconseja a Albert Rivera ser menos ególatra: “La pulsión narcisista perjudica a su esperanzador liderazgo”

El partido más amenazado por otras elecciones, fuere quien fuere el que las provocase, se llama Ciudadanos. La mayoría de sus votantes es de centro-derecha y casi medio millón de ellos dieron en junio un aviso de voto útil regresando a la casa común del PP. Esa volatilidad resulta delicada para una organización de nueva planta con señas de identidad basculantes y dirigentes que enfatizan sus escrúpulos de poder. La política española está sobredimensionada de ambición, pero el electorado necesita ciertas referencias de compromiso pragmático. La gente acude a las urnas para elegir gobiernos, y tiende a alejarse de quien no parece interesado en formarlos.

La propia supervivencia de C’s como instrumento político relevante es la primera razón por la que Albert Rivera debería involucrarse, si no en el Gobierno, sí al menos en la gobernabilidad del país. La segunda la determina su propia vocación reformista, que tiene una oportunidad única de ejercer. Será difícil que encuentre al Partido Popular más dispuesto o con más necesidad de negociar, y con una correlación de fuerzas más favorable para desplegar un programa de regeneración estructural que vaya más allá de los vetos nominales.

Para eso lo han votado tres millones de españoles cansados del inmovilismo de Rajoy y de la corrupción de la partitocracia: no para echar al presidente ni para salvarlo, sino para que le administre un purgante. Para que le obligue a emprender, desde un modelo ideológico similar, el saneamiento que nunca abordaría si dependiera de su talante.

Periodista Digital

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

*