La reflexiva ancianidad

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La reflexiva ancianidad

Entre las sorprendentes reacciones del mundo populista a su descalabro electoral, se encuentra el desprecio a los votantes de otros partidos y, muy especialmente, a los que ellos consideran «viejos». El odio a los ancianos destilado en las redes sociales por parte de los activistas podemitas recuerda a aquella novela de Bioy Casares, «Diario de la guerra del cerdo».

En ella, una furibunda juventud mataba a cualquier persona mayor que encontrara por la calle. Era y es literatura, y aunque la vida imita al arte, el texto de Casares sólo sirve como metáfora de aquellos que ahora quieren otorgar derechos según los años. Nos habíamos garantizado que no se discriminaría a nadie por sus ideas políticas o religiosas, raza o sexo.

Pero no sospechábamos que también se podía segregar por edad. La turba furiosa que la extrema izquierda lanzó días pasados en internet pretendía negar el voto a la tercera edad. Aunque la recta final de la vida es tiempo de indiferencia, es normal que quien tiene experiencia ponga en cuarentena todo aquello que prometen los «salvapatrias». Al fin y al cabo, los viejos también fueron jóvenes.

El Astrolabio ABC

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