LA SOLUCIÓN YA SE SABE

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LA SOLUCIÓN YA SE SABE

Tanto Convergència como Esquerra entienden que el Estado no va a permitirles su referendo y que la ilegalidad incomoda a la comunidad internacional.

Convergència busca la bronca con el Estado por ver si puede tirar de épica o de victimismo para remontar unas encuestas que hoy la sitúan en la insignificancia. Los convergentes esperan que la aprobación de la Ley de Transitoriedad Jurídica, que crearía una nueva legalidad catalana explícitamente no sujeta a la legalidad española, sea la bomba que todo lo haga saltar por los aires y que el Estado suspenda la autonomía, que la gente salga a la calle y que Barcelona quede colapsada y con ella el Estado.

Esquerra, que sabe que puede ganar, sería sensible a una oferta consistente del Gobierno -mejora de la financiación, inversión en infraestructuras como el corredor del mediterráneo o la conexión del puerto de Barcelona y el blindaje de la normalización lingüística- porque asume que el choque con el Estado lo alteraría todo (quizá también su ventaja en las encuestas, que es lo que quiere Convergència, mucho más que la independencia) y comportaría la inhabilitación de Junqueras. Esquerra es consciente de que Puigdemont le encargó a Junqueras la preparación del referendo para que al firmar los decretos pertinentes fuera inhabilitado y eliminado como rival.

El escenario ideal para Convergència sería la bronca con España, que a Mas le hicieran un juicio exprés y que la próxima semana ya estuviera inhabilitado, para poderle ofrecer un mártir a la tropa «indepe» y llamarla a la agitación callejera.

Lo que mejor le iría a Esquerra sería que la CUP reventara los presupuestos para ganar las elecciones sin jugarse la inhabilitación de su líder por la convocatoria de un referendo que igualmente no podría celebrarse.

Por su parte el Estado sabe que con algunas transferencias e inversiones rebaja el drama, pero de momento espera, porque especula con que el independentismo acabe de autodestruirse y que todo esto pueda salir gratis.

Una vez asumido que el referendo es imposible, las diferencias no son tan insalvables. De hecho, Junqueras y Soraya comparten la intuición de cuál podría ser la solución y ambos se ven más capaces de entenderse entre ellos que de explicar a los suyos el eventual acuerdo.

Como en este sentido dice un alto dirigente de Esquerra, “probablemente necesitemos que se produzca el conflicto para poder aplicar las medidas que lo habrían evitado”.

Salvador Sostres ( ABC )

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