LA TENTACIÓN REVOLUCIONARIA

revox

LA TENTACIÓN REVOLUCIONARIA

La revolución independentista es la revolución de que quienes se baten en retirada. De quienes creen que la revolución es necesaria para proteger lo fundamental; sus instituciones, su cultura, su modelo lingüístico y educativo… Que lucha incluso por ese supuesto anacronismo llamado soberanía y que, comose demostró de nuevo ayer en Barcelona, es algo que sólo preocupa a quien no la tiene o a quien teme perderla. Una revolución a la que cabría llamar lampedusiana, por cuanto espera que todo cambie para que todo siga igual. Para que no haya que perder el tiempo defendiendo lo fundamental; para que ni siquiera haya que perderlo discutiendo sobre ello. Para vivir como los países normales, donde las grandes discusiones se reservan para las grandes crisis.

Pero quien le abre las puertas a la revolución se las abre a los revolucionarios y quien se muestra dispuesto a cambiarlo todo no puede asegurarse de que nada cambie en realidad. Por eso, ni puede sorprendernos que la CUP se haya ido haciendo con las riendas del procés ni puede extrañarnos la cantidad de antiguos convergentes que, lejos de asustarse por esta deriva, se sienten incluso obligados a elogiar a los cuperos por su admirable coherencia. Reconocimiento que sólo puede merecer el fanático.

Todos los vicios del procés derivan de esta tendencia a creer que es posible construir un nuevo país a imagen y semejanza de sus más altas y más nobles aspiraciones. Pero este ya no es sólo el vicio del procés. Es también el vicio de quienes creen que el único modo de acabar con el independentismo es acabar con el catalanismo y que el único modo de acabar con él es refundar Cataluña. Es la creencia que lleva a muchos a querer empezar a reconstruir Cataluña desde la base, desde los colegios y los libros de historia, como si en la formación de los alumnos los libros fuesen más importantes que los profesores y los profesores que los padres; y los padres que TV3, TV3 que los youtubers y los youtubers que esos prejuicios que sostienen las comunidades y que ya dijo Einstein que eran más difíciles de romper que el átomo.

La tentación revolucionaria es una tentación comprensible pero peligrosa. Como nos enseña el procésquien quiera dirigir la revolución será devorado por ella y quien crea poder dirigir a las masas acabará arrojado por ellas a los pies de sus peores enemigos. A la revolución ajena sólo puede vencerla el reformismo propio.

Ferran Caballero ( El Mundo )