LA TIBIEZA DE BERGOGLIO

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LA TIBIEZA DE BERGOGLIO

Si juntásemos a Juan Carlos Monedero, a José Luis Rodríguez Zapatero y José Mario Bergoglio en un debate sobre Venezuela es muy probable que encontrásemos una coincidencia entre los tres : salvar a Nicolás Maduro.

Me malicio que cada uno de ellos con sus diferencias sustanciales, tienen algo en común : confunden cualquier izquierda con una visión progresista de la sociedad y por esa misma razón simpatizan con los parias de la tierra a costa de la libertad de los ciudadanos del mundo .

Antes de que nadie se ponga nervioso diré que no intento igualarles porque Monedero es un personaje que ha puesto su indiscutible formación intelectual al servicio de la indecencia, la mentira y la dictadura. Es el prototipo del sicario político que asesora a los ejecutores y defiende a los asesinos.

Zapatero en cambio es un hombre que actúa con buena voluntad en la mediacion del conflicto, pero a día de hoy no se conoce que haya arrancado al presidente de Venezuela ni una sola concesión para los presos políticos y las reivindicaciones de la oposición. Si fuera cierto que se prestó a pedirle a Leopoldo López que desactivará las movilizaciones a cambio de su libertad , al ex presidente español habría que imponerle una medalla a la indecencia.

En relación al Papa Francisco diré que la autoridad moral que gran parte de los dirigentes políticos mundiales le reconocen la está convirtiendo, en el caso de Venezuela, en una tibieza incomprensible, porque hacer llamamientos al diálogo entre asesinos y victimas, torturadores y torturados, liberticidas y demócratas es tan inútil como poco comprometido.

No soy yo muy dado a escribir sobre los Papas porque es una materia que no domino, pero eso no es óbice para que me interese lo que dicen porque influyen en gran parte de la población mundial, incluido los dictadores cristianos, y por esa razón espero que no tarde ni un domingo más en ponerse con toda claridad del lado de los perseguidos por el seboso Nicolás Maduro.

A lo largo de la historia los Papas, de cuya infabilidad no estoy nada convencido, no han dudado en condenar a herejes o a teólogos de la liberación. Yo entiendo que el dictador y narcotraficante que está matando a su pueblo por hambre y a balazos merecería una condena mucho más firme.

La condición de latinoamericano de Francisco me hace imaginarle una especial sensibilidad con los venezolanos que a día de hoy no he percibido.

Diego Armario

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