La tomadura de pelo de la consulta popular

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La tomadura de pelo de la consulta popular.

Uno de los mantras podemitas es la participación ciudadana a través de las “consultas populares” para que los ciudadanos decidan en asuntos de gobierno. El Ayuntamiento de Madrid ha creado una Concejalía al efecto para dar respuesta a la masiva demanda que sostienen tener de los vecinos.

Hasta ahora las experiencias conocidas, o eran sobre asuntos menores, o eran sobre asuntos en los que el Gobierno tenía certeza de que el pronunciamiento ciudadano iba a coincidir con sus pretensiones. En caso contrario, la posible consulta ni se planteaba, no fuera a dejar al gobierno colgado de la brocha.

La novedad de este sistema es la consulta, no sobre las preferencias manifestadas por los ciudadanos en una consulta previa, sino sobre aquéllas que sin ser sus preferidas, sí lo son del equipo de gobierno.

Los madrileños están recibiendo en casa cartas personalizadas para que “los que vivimos en Madrid tomemos las decisiones más importantes de nuestra ciudad”, -que son las que han decidido ellos-, y han sido “más apoyadas” por los ciudadanos empadronados mayores de 16 años al recibir el “apabullante 1%” de los votos de un total posible no conocido.

Para “incentivar” el voto incluye una explicación de los objetivos perseguidos: “Madrid 100% sostenible” quiere un Madrid que “desafíe a las eléctricas” para lo cual exige al Ayuntamiento firmar el Manifiesto Madrid Ciudad Sostenible cuyo contenido desconocemos, y adoptar unas medidas entre las que está “parar los procesos urbanísticos especulativos”, que no especifica, y cuya concreción el Gobierno podemita como ya hemos comprobado. Iniciativa “ciudadana” que viene de la “Alianza por el Clima”, que lucha contra el cambio climático.

Respecto de la propuesta “Billete único para el transporte público”, es imprescindible cambiar de transporte público “sin pagar más por un periodo de 90 minutos”, “pues aunque hay un bono de 10 viajes, es caro y no merece la pena”, sin tener en cuenta el coste real del transporte público en Madrid, -uno de los mejores y más intermodal e integrado del mundo-, y la existencia de un abono transporte más económico que permite coger todos los transportes públicos combinados para toda la región.

A estas dos iniciativas se acompañan dos opciones de remodelación de la Plaza de España que han sido “seleccionados” por el Ayuntamiento entre los votados, para garantizar que se ajustan a sus pretensiones.

Se acompañan instrucciones de votación presencial o telemática de imposible cumplimiento para las personas mayores, que tendrá lugar la tercera semana de febrero.

Por supuesto que de los asuntos que más afectan a los ciudadanos como el cierre al tráfico del centro de la ciudad o la peatonalización de calles tan esenciales para la movilidad como la Gran Vía, nada de consulta, pues ya están ellos para decidir por nosotros. Pero incluso aquí han logrado superarse con la “consulta sin consulta”. Después de comprometer que se haría y sería vinculante, el Concejal de Desarrollo Urbano Sostenible ha aprobado ya su rediseño porque “mejora la Gran Vía y podemos intuir que las respuestas irán en ese sentido”.

La desfachatez y tomadura de pelo insulta la inteligencia de los madrileños. Los ciudadanos encargan a sus representantes la gestión de la ciudad en cada elección y les responsabilizan de hacerlo en beneficio de ellos. Y si no es así los echarán a la siguiente. Pretender trasladarles la responsabilidad con esta costosa y teledirigida filfa de sus sectarios y dogmáticos criterios resultaría risible si no fuera por el coste y el daño que provocan, y porque están en juego los derechos de los ciudadanos y el interés de la ciudad.

Ignacio González ( La Razón )

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