La tropa de Pablo Iglesias

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La tropa de Pablo Iglesias: “Practica un indecente revanchismo fatuo y la más absoluta irresponsabilidad institucional”

¿Qué ha pasado para que ahora decir abstención sea como mentar a Jehová en La vida de Brian? Ha pasado que se ha impuesto el sectarismo y ha faltado liderazgo democrático. El PSOE es hoy como el Frente Popular de Judea; para apuntarse, hay que odiar de verdad a los romanos. Zapatero encasquetó al PP la etiqueta infamante de la derecha extrema y el PSC creó el cordón sanitario del Tinell en torno al PP. Lo de ahora es la simple, inevitable consecuencia de todo aquello.

Los matones que, dirigidos desde dentro, cercarán el Parlamento declaran ilegítimo al Rey («mafia de Nóos») al Gobierno («mafia de Gürtel») y a la Oposición («mafia de los ERE»). Cuando Iglesias se veía presidente los llamaba «el Jefe del Estado», «los compañeros del PSOE» y «la futura oposición». ¿Y hay que desdramatizar que los alfon cerquen la sede de la Soberanía Nacional? Que desdramatice Ferreras. Mejor, que los disuelva.

Que la legislatura pueda así echar a andar es una buena noticia. Sin embargo, como se volvió a comprobar ayer con las intervenciones de los líderes tras sus encuentros con el jefe del Estado, la gobernabilidad se antoja harto difícil en un clima de tanta incertidumbre. No bastará «el diálogo» al que ayer apeló Rajoy. Hará falta que las formaciones tengan visión de Estado y responsabilidad dada la situación de precariedad de un Ejecutivo en minoría al que sólo se ha comprometido a ofrecer respaldo Ciudadanos. Porque si grave nos parecía que no se desbloqueara la situación y fuéramos a unas terceras elecciones, igualmente perniciosa sería una actitud de bloqueo y de inestabilidad perpetua que impida una mínima gobernabilidad.

Hay en la convocatoria algo más inquietante que una rabieta sobreactuada. La impugnación de la legitimidad representativa, ya presente en el germen del 15-M, contiene elementos de golpismo revolucionario típicos de la tradición bolivariana. Un partido que propone cercar el Parlamento, aunque forme parte de él, y que tilda de mafia a todos sus adversarios es un partido que no cree en la democracia. Quizá resulte positivo que descubra tan pronto sus verdaderas cartas. La ruptura como programa, la mentira como herramienta, el escrache como arma. Se acabaron los disfraces: fuera máscaras.

Me extraña no sólo que este señor siga de diputado por el partido que ha destrozado, sino que no lo hayan expulsado como militante. Su traición no sólo ha sido contra España, sino contra el PSOE. Por menos de la mitad del cuarto de esta deslealtad, Fernando VII pasó a la historia como «el Rey felón». Bueno, pues aquí la felonía tiene hasta barones partidarios.

ABC

 

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