La última jugada de Sánchez: Nombrar ministros a podemitas

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La última jugada de Sánchez: Nombrar ministros a podemitas.

El papel que está teniendo Pedro Sánchez desde que fue propuesto por el Rey para conseguir una mayoría y formar gobierno es desconcertante. Sabía que no disponía de votos suficientes y que sólo podía recibir la confianza del Congreso si era capaz de sumar grupos políticos antagónicos, incluso a través del apoyo de independentistas y otros abiertamente contrarios a la Constitución. A continuación, firmó un pacto con Ciudadanos para crear un «gobierno de progreso», con 66 puntos, con el que sumaban 130 escaños, insuficientes para que saliera elegido, y acudió a la investidura sabiendo que no podía ganarla. Como quedó claro en las dos sesiones, esta nueva alianza sólo sumó un voto más a su favor. El líder socialista sabe que sólo podría ser elegido presidente del Gobierno con el voto a favor de Podemos –algo improbable– o su abstención.

El próximo 2 de mayo se cumplirán los dos meses de la fracasada investidura de Sánchez, fecha con la que las Cámaras quedarán disueltas automáticamente y se convocarán elecciones. Ante esta perspectiva, Sánchez está dispuesto a ofrecerle a Pablo Iglesias la participación de su partido en un futuro gobierno. En concreto, este plan incluye la entrada de un independiente, que podría ser José Julio Jiménez, ex Jemad durante el último mandato socialista, o la magistrada Victoria Rosell, se supone que para las carteras de Defensa o Justicia, respectivamente. Ésta sería una opción que acercaría a Podemos al PSOE, aunque rebajaría las pretensiones de Iglesias de acceder a la vicepresidencia del Ejecutivo haciendo valer legitimamente la diferencia de tan sólo 300.000 votos. Sánchez tiene previsto reunirse con el líder de Podemos para acercar posturas y sería en ese encuentro donde le ofrecería un puesto.

De esta manera, el líder socialista incidiría en la estrategia de dividir a la formación morada entre aquellos que quieren aplicar su programa de máximos y los más pragmáticos, dispuestos a apoyar al PSOE, lo que erosionaría aún más la crisis abierta entre Iglesias y Errejón. Por otra parte, si el acuerdo con Podemos consistiese en dar entrada en el Gobierno a un independiente, eso tranquilizaría a la militancia y a los dirigentes socialistas. Sin embargo, sería ingenuo pensar que Iglesias aceptaría una propuesta que sólo serviría para que Sánchez consiguiese la presidencia del Gobierno a cambio de un puesto en el Consejo de Ministros, precisamente ocupado por sus «ministrables» de perfil menos político. Este último movimiento de Sánchez ha dejado en evidencia el pacto que selló con Albert Rivera, sobre todo porque fue una operación que se vendió en base a un programa en el que no se pondrían en peligro la estabilidad presupuestaria y los acuerdos europeos, mientras que ahora se anuncia que el PSOE persigue otro gran pacto con Iglesias.

El líder de Ciudadanos ya no descarta un «escenario distinto» que gire sobre un pacto entre PSOE y Podemos: «Si hubiera algún cambio en el futuro, que el PSOE no nos ha transmitido, estaríamos en otro escenario distinto al actual, estaríamos ante otra estrategia», ha dicho con decepción. Sánchez quemará sus últimos cartuchos con Podemos, dejando claro que el contenido del programa es lo que menos le importa. Es aquí donde entraron en juego el prestigio del PSOE y la posibilidad de que Susana Díaz dé finalmente un paso al frente para aspirar a la secretaría general del partido. Las elecciones están cada vez más cerca.

ABC

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