LA VENGANZA DE DON PEDRO

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LA VENGANZA DE DON PEDRO

Me gusta España, con sus héroes legendarios y sus aventuras equinocciales, aunque también hay en los anales pasajes repugnantes de crueldad y fanatismo. Los historiadores romanos ya hablaban de la hiel celtíbera, esa amargura que les llevaba a luchar entre ellos si no tenían enemigos de fuera. Hubo aquí más guerras civiles que en otras naciones y parecía que habíamos llegado a cierto apaciguamiento con la última reconciliación, pero el rencor en rama sigue.

No es noticia el tiro al plato con la cara de favoritos y primeros ministros a lo largo de los siglos, pero sí la antipatía de Pedro Sánchez a Mariano Rajoy, que recuerda al vino amargo de las peores añadas. Es la misma saña que acabó con validos y jefes de Gobierno. De estos últimos recuerdo a cinco asesinados: PrimCánovasDatoCanalejas Carrero Blanco. También cayeron en desgracia favoritos, desde los cartagineses. Me causa pavor entrar en el refectorio del Monasterio de Uclés, el Escorial de La Mancha, ver en el artesonado los 36 casetones con la cabeza de los maestres de la Orden de Santiago talladas en madera de pino y observar el que ocupa la calavera de Don Álvaro de Luna, con una terrible inscripción: “Sabed que a nadie perdono”.

Don Álvaro de Luna, favorito del rey Juan II de Castilla, acabó en el patíbulo, como otros áulicos posteriores. A éste lo llevaron al cadalso en Valladolid. El condenado vio un garfio de hierro clavado en un madero, preguntó al verdugo para qué lo habían puesto y éste le respondió que para poner allí su cabeza. A esa columna de piedra o de hierro para exponer y exhibir la bellota de los enemigos se le llama picota. En Valladolid quedó el cuerpo sin cabeza de Don Álvaro, la cabeza la colgaron en la picota y en el cadalso pusieron una bacía para que los villanos dieran monedas con que enterrar al que había mandado en Castilla.

Aquellas costumbres desalmadas se han extinguido. Ahora, a los que incumplen las leyes les quitan la panoja o los guardan en Soto del Real; pero los ecos, la reverberación de las malas hieles, siguen asomando en los cordones sanitarios, las invocaciones de los muertos de las dos Españas y en un clima de intolerancia que ya habían sido superados en la última Democracia. Aún se nota en nuestro inconsciente el resplandor de las hogueras.

El rencor de Pedro a Rajoy es muy posible que acabe cuando el primero se dé cuenta de que el odio al enemigo termina haciéndote su esclavo en el inconsciente. No creo que tenga nada que ver el socialismo de izquierdas con poner cada día en la picota la cabeza de Rajoy. Se parece más su actitud al argumento de La venganza de Don Mendo, con su puñal de aluño: “Orgullo del puñalero/ que te forjó y te dio bruño”.

Ayer se reunieron Pablo y Pedro en el Congreso y la gente se pregunta, como en la fábula, si tantas ideas y vistas, tantas revueltas, son de alguna utilidad. Los dos coinciden en el proyecto de echar a Mariano de la Moncloa, pero en el caso de Pedro, más que un proyecto parece una obsesión.

Raúl del Pozo ( El Mundo )

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