Las barbas de tu vecino

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Las barbas de tu vecino.

Desde hace unos días la opinión pública se ha dividido entre los que rechazan  la elección de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos como si fuese  ilegítima y los que sostienen lo contrario, pero yo creo que el asunto de fondo no es ese porque la formalidad del proceso electoral nadie la discute.

El principio de “un hombre un voto”  garantiza el derecho   de todos los ciudadanos, sean hombres o mujeres, negros o blancos, agnósticos o creyentes, pobres o acaudalados, a elegir a quien les venga en gana,  pero eso no invalida la prerrogativa que todos tenemos a sacar conclusiones de unos resultados  electorales que no sólo reflejan la pluralidad de los votantes sino también su nivel de tolerancia o sectarismo, generosidad o  insolidaridad,  cultura  o ignorancia, independencia intelectual o seguidismo de  las consignas.

En el mundo en el que vivimos, la gente  puede ser de derechas o de izquierdas sin que esa opción ideológica predetermine la inteligencia o moralidad del votante,porque a veces los extremos se tocan y acaban coincidiendo en el nivel de estupidez o sectarismo, y de ese indeseable espacio común beben los líderes populistas y las organizaciones políticas que les apoyan.

¿Por qué entre los votantes de Donald Trump hay mujeres, negros e inmigrantes?

La respuesta a esta pregunta está contestada en el párrafo anterior.

Una de las explicaciones del resultado electoral en los Estados Unidos responde a lo que un castizo llamaría el ” sindiós ” o el ” carajal ” que invade los tiempos  que vivimos de pura contradicción,  en un mundo que ha sustituido los principios de la revolución francesa por las recetas del populismo maniqueo que nos llevan a ensalzar o a condena a los mismos tipos de dioses o diablos que  intercambian a conveniencia sus disfraces.

Donald Trump se ha reafirmado  en algunas de sus promesas  electorales más insolidarias con los habitantes de su propio país, y eso significa que  en materia de respeto a las minorías y a los derechos individuales  de los más débiles,  se va a vivir un verdadero drama al que muchos ciudadanos  asistirán  como espectadores  sin ninguna mala conciencia.

Lo que suceda en materia de relaciones internacionales es otro cantar que también debería inquietarnos porque los problemas que generan este tipo de  ” tipos”  se sabe cómo comienzan pero no cómo terminan,  porque el autoritarismo no entiende de límites.

No está de más recordar que no estamos libres en Europa del posible éxito electoral de los populismos tanto en Francia, como en Alemania, Italia e incluso España, porque el cabreo y la indignación superan a la exigencia de garantías democráticas  que nos aseguren nuestros derechos ciudadanos.

Diego Armario

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