CON LAS BOTAS PUESTAS

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CON LAS BOTAS PUESTAS

Decían los antiguos que en la oratoria no hay que bracear ni alzar la voz, ni cosquillear los oídos, ni tratar de envilecer al público, pero en la política no es placer sino provecho lo que buscan los discursos. El lenguaje, en especial durante el periodo electoral, periodo estrepitoso, emplea técnicas de propaganda y de márketing con el objetivo de obtener más votos y movilizar a indecisos o indiferentes.

La batalla verbal de las elecciones catalanas -para que se vote a los constitucionalistas y no se vote a los independentistas a al revés- refleja el enfurecimiento que se vive. Los políticos, esos animales aristotélicos que hablan, se atacan sin piedad. Esa teoría según la cual no dicen lo que piensan, sino que ocultan sus pensamientos, no vale para esta campaña; todo lo contrario, explican muy bien -al margen del maniqueísmo y la demagogia- lo que se juegan los dos bloques, de momento irreconciliables.

El odio es un gran combustible y los partidos están cargando de carburante el arsenal de la retórica. Las pasiones agitadas han terminado en insultos y amenazas. Manuel Valls, ex primer ministro francés de origen catalán que ha apoyado, junto a Mario Vargas Llosa, a la constitucionalista Inés Arrimadas, piensa que el origen de la crispación está en que el relato de los independentistas se basa en la mentira. Pero lo cierto es que Ciudadanos está al borde dela victoria y el PP a punto de convertirse en un partido extraparlamentario.

Pablo Iglesias defiende un Govern que blinde las competencias y el autogobierno aunque ese sea “un relato menos épico”. Hace tiempo que pasó de partisano al ejército regular y emplea menos la épica en sus discursos. Ahora quien apela a la épica, cuando más acorralado está en la escena final del western, es el PP. Lo digo porque Soraya Sáenz de Santamaría ha usado el argot de la epopeya popular estadounidense y ha dicho que quien merece los votos es el presidente del Gobierno, que ha liquidado el independentismo.

Ha cantado las hazañas de Mariano Rajoy como el sheriff que ha reestablecido la ley, el que se ha enfrentado a los villanos: donde estaba su sombrero estaba su cabeza y se la van a volar. “Mariano -dice Soraya- ha conseguido que ERC y Junts per Cataluña no tengan líderes porque están descabezados”. Ha añadido que hay pocas formaciones como el PP, dotadas para la épica. Con toques míticos, ha cantado el protagonismo de Mariano Rajoy en el papel de Hércules cortando las nueve cabezas de la hidra. Lo dice un PP al borde de morir con las botas puestas en un western crepuscular. Llegó al poblado uno que era más rápido con el revólver.

Raúl Del Pozo ( El Mundo )