Las cabras en el garaje

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Las cabras en el garaje.

Iglesias, Pablo, le tiene perfectamente tomada la medida al PSOE de Sánchez, Pedro. Entiendo que debe de ser una especie de tortura menor. Cada vez que tiene una ocurrencia, la dirige con una puntería envidiable a la línea de flotación socialista. El barco no zozobra fácilmente: el de Sánchez es un partido con envergadura histórica, solvencia organizativa, fidelidad sobrada de sus bases, pero también desorientación colectiva cuando le llegan golpes bien orquestados. Ayer Iglesias metió ordenadamente un frondoso rebaño de cabras en el garaje de Ferraz. ¿Cómo?; muy sencillo.

El líder de Podemos ha decidido ser el primer político de hogaño que adelanta sus planes poselectorales, cosa que no suele hacer nadie: «Mi intención es pactar con el PSOE después de las elecciones del 26 de junio». Si Pablo más IU obtienen más votos que Pedro, el presidente es Pablo; si obtienen menos, el presidente es Pedro. Recuerden a Almunia; en las elecciones del año 2000 dio a entender que tenía cerrado un acuerdo con la Izquierda Unida de Paco Frutos. Obtuvo 126 escaños y dimitió esa misma noche. Fue el único precedente, y no tan claro, de la acción de Iglesias. Con lo dicho, Iglesias obliga al PSOE a manifestarse: bien a responder airado dando a entender que ni harto de vino, bien a ser comprensivo con la oferta. En ambos casos pierde. En el primer escenario siempre se le podrá responder que intentó el pacto con ellos hace escasas semanas y, en negándose, deja a los podémicos el argumento de haber intentado aglutinar a la izquierda, siendo ellos la izquierda verdadera.

En el segundo, asusta a votantes centrados socialistas que no son especialmente proclives a pactos con la alegre muchachada heredera del 15-M. Les condiciona el discurso, en una palabra. Los socialistas de Pedro pueden exagerar los modos y amanerar un tanto sus declaraciones, pero tienen un problema: por su izquierda les acosan unos tipos que serán todo lo vetustos comunistas que quieran, pero tienen menos que perder, arriesgan inteligentemente y demuestran una maldad política envidiable.

¿Qué piensan hacer de verdad los Sánchez y compañía? No tienen gran margen de maniobra. Podemos más IU pueden superarles en votos, aunque no en escaños. Jamás aceptarán ser comparsas en un gobierno presidido por Iglesias. Pero sí pueden tener la tentación de recibir su apoyo y conformar un gobierno si les salen los números, y hacerlo de forma inmediata y automática antes de que pueda reaccionar el Comité Federal o como carajo se llame. Algunos socialistas de peso –y del Antiguo Testamento– lo ven con preocupación.

Son los que creen que un resultado parecido al anterior obligaría a Sánchez a entenderse con Rajoy o a marcharse en el caso de que se lo impidiera su religión, es decir, a abstenerse para permitir un gobierno popular o, directamente y de forma más improbable, formar un gabinete basado en pactos imprescindibles para el despegue de España. Analicen detenidamente los últimos datos de paro y concluyan que, en un momento de marasmo internacional, la creación de empleo en España progresa adecuadamente. Si ahora mismo hubiese un gobierno sólido, amplio y razonablemente reformista, podríamos estar ante una envidiable perspectiva de crecimiento que envidiarían no pocos países.

Pero para ello hay que hacerse mayor y dejarse de discursos infantiles y sectarios. Las opciones son dos: gobierno por la izquierda con los Pablos por delante o por detrás, o gobierno por la derecha con Rajoy en soledad o apoyado por Pedro. Para ambas cosas, el PSOE debe decidir qué hacer con las cabras que, de repente, ha encontrado esta mañana en su garaje y que con toda puntería le ha metido el chaval de la coleta. Que es más listo que la mar.

Carlos Herrera ( ABC )

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