LAS COLAS DE POBRES

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LAS COLAS DE POBRES

La estampa de estos días es siempre la misma: pobres y más pobres hacen cola en una de las puertas de la iglesia, y cuando salen cargan bolsas llenas de alimentos. Yo no sé si el pobre tonto de Pedro Sánchez, cuando dice que quiere revisar el Concordato, se refiere a que preferiría que estos pobres salieran con las bolsas vacías. Tampoco sé por qué nos odia tanto la izquierda anticlerical ni qué ofrecen a cambio de nuestra compasión y de nuestra caridad que tanto detestan, porque cuando paso por delante de las sedes de UGT o de Comisiones Obreras no veo a ningún pobre haciendo cola ni a nadie esperando nada. Ninguna, ninguna esperanza.

En cambio la Iglesia lleva, con todos sus defectos y todas sus ovejas negras, más de 2.000 años multiplicando los panes y los peces, dando de comer al hambriento y de beber al que tiene sed. Veo pocas alternativas reales a nuestro amor y nuestra luz. Veo pocas colas de pobres en los sindicatos, en los ayuntamientos socialistas o de Podemos en abrumador y agotador contraste con las lecciones y la arrogancia que les tenemos que aguantar.

Veo más carteles del “Welcome Refugees” que a refugiados realmente bienvenidos y cálidamente acogidos.

Mis queridos amiguitos de la izquierda, si a parte de usarlos como carnaza electoralista algún día queréis saber algo de los pobres, venid conmigo a la Iglesia y les conoceréis. Mientras cargan con la única comida que tienen, que es la que los monjes capuchinos les dan, podréis decirles a la cara que queréis revisar el Concordato y que queréis que España sea un Estado laico.

Salvador Sostres ( ABC )

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