LAS FACTURAS AL BURGUÉS

cupv

LAS FACTURAS AL BURGUÉS

Tal y como ha demostrado la historia, la vanguardia revolucionaria siempre representa a una minoría. Las mayorías ganan elecciones, no revoluciones. Hasta hoy convergentes y republicanos ignoraban que, en realidad, el compañero de viaje eran ellos. Al anarquismo chic le ha salido gratis la insurrección. Todas las facturas se las han cargado a esos burgueses inocentones. Echemos un vistazo a las cuentas del procésNo hay ningún diputado cupaire en prisión, no han sufrido embargos ni inhabilitaciones y, en el reparto de sufrimiento, el retiro helvético de Anna Gabriel es la mínima cortesía.

La chavalada puede luchar al fin por la ansiada represión. Que sean otros los que la sufran. Cataluña es hoy el paraíso de las CUP. Barricadas en Aragó, encapuchados en la AP-7, llamamientos a la violencia en TV3, una feliz coreografía borroka con la que disfrutar del presente continuo que impone la algarada. Qué más da lo que se complique la situación procesal de los encarcelados. A quién le importa si rebelión, sedición o desobediencia. Que paguen esos primos lo que corresponda.

Las CUP han sido el chantaje permanente. Y tras el chantaje, el insulto. No les conmovieron los temblores de Turull sobre la tribuna, el llanto de Rull a las puertas del tribunal, ni las epístolas del beato de Estremera. En el momento decisivo, las CUP siempre impusieron sus criterio, guiados por una doctrina minúscula y letal, de extraordinaria simpleza leninista: cuanto peor, mejor. Una vez perdidas las instituciones, con Cataluña en situación preautonómica, la inversión extranjera huyendo a parajes menos exóticos y los burgueses patrios a la espera de juicio, ya sólo queda disfrutar. Nunca se trató de otra cosa. El nacionalismo ha perdido la batalla por la república, las CUP han vencido en la lucha de clases.

Lenin regurgitó de Chernyshevski la teoría del cuanto peor, mejor, que ha atravesado un siglo y medio hasta llegar a Figueres. Para Cataluña se ha prescrito una socialización del sufrimiento y lo que de verdad alarma es la resignación con la que los paganos -de pagar- han asumido el tratamiento. Vean a esos benditos, incapaces siquiera de decir lo que piensan de los CDR. Hasta Gabriel Rufián se antoja ya como un moderado socialfascista. El otro día le acusaban de criminalizar a la vanguardia de la revolución por uno de esos tuits suyos tan ridículos. El procésha conducido a esto. Para unos pocos, la cárcel; para otros pocos, el paraíso revolucionario; para todo el resto, la desgracia.

Rafa LaTorre ( El Mundo )