Las raíces del odio

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Las raíces del odio

En la España que construimos cada día, brota una joven opinión pública que se ha educado y se desliza por la banalización de la aversión al otro.

Nada es ajeno al hombre y, aún menos, el odio. En la España que construimos cada día, con nuestros esfuerzos y afanes, brota una joven opinión pública que se ha educado y se desliza por la banalización de la aversión al otro. En muchos casos, ese sentimiento carece de fundamentación objetiva. ¿Qué puede haber en la cabeza y en el corazón de un adolescente de clase media, nacido en una capital de provincia y en una nación floreciente, con una calidad de vida desconocida por sus propios padres y abuelos?

¿Qué España ha maltratado a un chaval que vio la luz en 1998? Es hijo de un país lleno de políticos frívolos que acosan a su rival, que descalifican y no argumentan, que injurian y no debaten y que, con frecuencia, ven amplificadas sus estrategias por los intereses mercantiles de algunos medios autodenominados de izquierdas, pero que ocultan el peor rostro del capitalismo más feroz. Aborrecer hasta golpear a un presidente del Gobierno, con apenas 17 años, evidencia que algo falla en nuestra formación, en nuestro consenso democrático, en nuestras familias, en nuestra escala de valores. Somos una sociedad con un complejo de inferioridad que se expresa en el odio, y odiar siempre nos coloca por debajo de aquellos a los que detestamos.

( ABC )

 

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