LAS TERTULIAS DE LA TRAICIÓN

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LAS TERTULIAS DE LA TRAICIÓN

La opinión pública es un globo que se puede pinchar, manejar desde los servicios secretos, manipular desde el poder político y sobornar desde el poder económico.

En el conflicto catalán, los independentistas han ganado la guerra de la propaganda. Ahora, los constitucionalistas están dispuestos, si se reactiva el artículo 155, a intervenir TV3. ¡A buenas horas mangas verdes! Tanto la televisión catalana como Catalunya Radio contaron al mundo el nacimiento de una nación aplastada, multiplicaron sus audiencias con las cargas policiales y las manifestaciones “pacíficas” y “sonrientes”, mientras los periódicos y las televisiones del imperio español apenas tuvieron presencia en Cataluña.

Los independentistas han pintando España como si fuera un ogro dando zarpazos a viejecitas que querían votar. Soraya Sáenz de Santamaría se negó a cerrar las emisoras, que fueron el motor del odio a España. Modestamente, creo que estuvo bien y sigo estando contra cualquier tipo de bozal. No debiera haber más mordaza que la del Código Penal. En una democracia, la información debe circular libremente entre el poder y la gente, aunque la opinión pública manipulada pueda condenar a Sócrates o a Cristo.

La mayoría de los grandes periódicos internacionales estuvieron a favor de que los catalanes votaran en el referéndum ilegal. Las fuentes que utilizaron los corresponsales fueron los editores, los periodistas, los políticos de la revuelta; el Gobierno de España aparece en cuarto lugar como fuente de información. Es decir, el Gobierno estuvo en la inopia. La Generalitat dio un pastón a los agitadores de su cuerda, que fueron los cerebros de la ruta independentista.

Se ha dicho que España es un país de tertulianos. Durante el procés, los debates siguieron las pautas de equidistancia de los últimos años, en los que se ha tratado a los nacionalistas como a leales demócratas. Hablaron con tibieza de la rebelión y con ira del Gobierno. Taparon el carácter supremacista, delictivo, de la sedición. Nada que ver estas tertulias de tongo y traición con aquellas explosivas de Norteamérica, cuando la nación se jugaba el tipo. Fueron legendarias las que enfrentaron a William F. Buckley (republicano) y Gore Vidal (demócrata). En uno de los debates, Vidal le llamó “criptonazi” a Buckley y éste le contestó: “Escucha, marica, deja de llamarme criptonazi o te partiré la cara y te daré una paliza”. Aquí fueron discusiones de peluquería de unos tertulianos que no ganan, como aquellos, 10.000 dólares por tertulia. Con 600 euros del ala, las empresas tienen a cuatro sofistas de cuota durante tres horas.

Raúl del Pozo ( El Mundo )