LETICIA, LA REINA QUE NO NOS MERECEMOS

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LETICIA, LA REINA QUE NO NOS MERECEMOS

Causa tanta perplejidad como vergüenza la campaña tan barriobajera que se ha desatado contra la Reina por un incidente tan bobo como el de la no foto tras la Misa de Palma. Doña Letizia podrá gustar más o menos;caer más simpática o antipática; merecer más o menos elogios desde que forma parte de la Familia Real.

Pero las diatribas furibundas que está recibiendo por una nadería tan insustancial dice muy poco de los españoles como sociedad moderna y democrática.

Entre la clase política, quien mejor ha reaccionado ante tamaña zapatiesta ha sido, cómo son las cosas, alguien tan poco sospechoso de ser monárquico como Pablo Iglesias. Enfrente, los muy defensores del sistema dirigentes del Partido Popular, que en su mayoría han optado por la callada, como si el silencio ante la dimensión que ha adquirido este esperpento -mediático- no contribuyera a agigantar el daño a la imagen de la primera institución del Estado.

No puede ser que los mismos ciudadanos que, según las encuestas, valoran tan positivamente el reinado de Felipe VI y su papel y el de su familia, de pronto por un rifi rafe de pitiminí entre la Reina y la Emérita se declaren a favor de enviar a Doña Letizia a Guantánamo, bajo cadena perpetua revisable.

Pero, claro, en esta época de la posverdad, de lo viral, de las fake news y del juicio perdido irremediablemente, resulta que pesa mucho más que la soberana se equivocara -o no- con un mal gesto hacia su suegra en un momento inoportuno, que el hecho, por ejemplo, de haber sido una de las artífices del Mensaje a la Nación que Felipe VI pronunció en octubre ante la deriva del desafío independentista en Cataluña, y que tantos elogios ha reportado al Monarca.

Gracias a Doña Letizia, el Rey de España es en la actualidad, entre todos los monarcas europeos, no sólo uno de los más preparados, sino también uno de los que más aplomo y seguridad ofrece en sus intervenciones. Y sus discursos no son sólo contundentes en cuestión de imagen. Están cargados de enorme contenido. Ytambién ahí la Reina juega un papel clave, en la sombra, silencioso, entre bambalinas, como le corresponde.

Pero, en fin, echemos en la hoguera a Doña Letizia. Porque lo importante es que su rictus no se relaja. Los españoles sólo nos merecemos que nos hubiera tocado una Mette Marit.

Eduardo Alvarez ( ElMundo )