LIBRE COMERCIO

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LIBRE COMERCIO

Si lo que pretende Donald Trump es dar más paz y prosperidad a su nación, se equivoca al dejarse llevar por esa irrefrenable fiebre proteccionista de la que está haciendo gala. Las barreras artificiales y el nacionalismo nunca traen progreso. Ahora bien, ese afán por volver a las factorías no anda del todo desencaminado. El mundo es cambiante. Un buen día nos dijeron que era mejor que fabricaran los otros y, como consecuencia de ello, China parece dispuesta a comerse ese mundo que muda sin cesar.

Los alemanes fueron los únicos que decidieron quedarse con sus manufacturas y han sorteado los malos tiempos mejor que el resto. En España, hemos descubierto que podemos exportar y que nuestro mercado puede ser el globo terráqueo entero. Por tanto, también debemos regresar a las industrias y sus talleres. No para protegernos desde el miedo, sino para competir desde la audacia. La competencia es vivificadora. Es posible que Trump acierte si lo que logra es que se produzca en su país sin renunciar al libre comercio. Ahí es donde podremos vernos las caras, porque la libertad sigue siendo el territorio más fecundo.

El Astrolabio ABC

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