LIMPIAR LAS CALLES

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LIMPIAR LAS CALLES

Una chica en Hamburgo vio por la tele los lamentables altercados contra la reunión del G-20. Pillaje en las tiendas, sexo en público, las calles incendiadas. Y decidió convocar a sus conciudadanos el domingo por la mañana para limpiar su ciudad y demostrar que Hamburgo es civilizada y decente y que los vándalos son sólo la excepción que confirman la imperfección humana.

Y efectivamente a la hora acordada, la admirable chica y sus no menos encomiables vecinos salieron a limpiar las calles que los que se llaman a sí mismos antisistema, antifascistas, anticapitalistas y solidarios habían destrozado. Fue luz contra la barbarie. Fue esperanza contra la gran mediocridad.

Pero también fue la superioridad del orden contra el atraso de los que cuestionan la propiedad privada, los jóvenes honrados que trabajan y pagan lo que deben contra los holgazanes que están todo el día quejándose y rompiéndonos las cosas, la vieja tradición europea católica y aseada contra el multiculturalismo atroz al que nos hemos rendido, el multiculturalismo, el relativismo y todas las demás formas de vulgaridad imaginables.

Esta chica extraordinaria es el resumen de todo lo que Obama, Clinton, Merkel o Macron ridiculizan y han ridiculizado en nombre del buenismo, en nombre de culpar a Occidente del terrorismo que nos atenaza por no tener el valor de enfrentarse al Islam, en nombre de la demagogia de las fronteras abiertas para todos y de la renuncia a las categorías fuertes de la vida, con todo lo que somos disuelto en la grosera mentira de la corrección política, que es el gran totalitarismo de nuestra era.

Esta jovencita de 22 años sola y rodeada de no más que porquería, ha conseguido limpiar con su alegría, su firmeza, su libertad y su templanza las calles de su ciudad y nuestras almas.

Salvador Sostres( ABC )

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