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El clima de España no es precisamente el de Siberia. Pero resulta que en algunos días del invierno nieva a gusto y conviene anticiparse con dos medidas: advertir a los conductores que no salgan a la carretera, pues corren el riesgo de quedarse tirados en la ruta, y hacer todo lo posible para mantener las grandes arterias de tráfico abiertas, mediante máquinas quitanieves y sal. No se trata de física nuclear. Es sencillo (si se trabaja).

En 2009 una nevada pilló en la inopia a Magdalena Álvarez, la ministra de Fomento de Zapatero, quien probablemente hará más historia por su implicación en el escándalo de los ERE, donde está imputada, que por sus pírricas prestaciones en el Ministerio. La falta de previsión de Magdalena y su equipo provocó el cierre de Barajas y de varias carreteras. El líder de la oposición, que entonces se apellidaba Rajoy, exigió la dimisión de la ministra, a la que acusó de ofrecer una respuesta ante el temporal propia «del siglo XV».

El año pasado una intensa nevada provocó cortes en la A-3, que une Madrid con Valencia, y en la A-31, que lleva a Alicante. Dos mil afectados hicieron noche en sus coches. El ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, achacó el desbarajuste a unas adversidades meteorológicas «históricas».

En la madrugada del sábado al domingo nevó bastante en la autopista de peaje AP-6, entre Madrid y Segovia, aunque tampoco fue aquello el hábitat del Yeti. La falta de anticipación de la empresa concesionaria y del Gobierno provocó una ratonera a solo cien kilómetros de la capital de España y en una vía de pago. Una chapuza, como criticaban con razón los 3.000 conductores atrapados, quienes además no entendían cómo se les había permitido continuar avanzando.

La llegada en la madrugada de la UME -junto a la ley antitabaco el único rapto de lucidez de Zapatero- y la solidaridad vecinal permitieron apañar la situación. Al mediodía la autopista ya estaba despejada, lo que da idea que aquello tampoco había sido el HimalayaEl ministro De la Serna, que pertenece al género de políticos que se gustan, curiosamente todavía no había aparecido en público al final de la tarde de ayer. Su colega de Interior se hizo cargo del zafarrancho del gabinete de emergencias.

En contra de lo que solemos pensar, el Estado no está para amueblar nuestras conciencias, ni para legislar sobre nuestra entrepierna, ni para crear problemas donde no existen, ni para costear museos tontorrones de arte-estafa, ni para hacerle la competencia a las empresas o inmiscuirse en las vidas privadas. El Estado tiene unas competencias sencillas y claras: garantizar la seguridad jurídica y la libre competencia, recaudar los impuestos y distribuirlos equitativamente, intentar sostener la sanidad y la educación públicas y mantener el orden.

También debe encargarse de despejar las carreteras si llega un temporal de nieve y avisar a los conductores de que no se echen al monte sin cadenas en una noche complicada, porque entonces pernoctarán en las cunetas. Aunque no es tan glamuroso como salir en las fotos, los ministros también están para eso.

Luis Ventoso ( ABC )