LOS FALSOS PATRIOTAS

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LOS FALSOS PATRIOTAS

Tengo amigos catalanes que cuando los conocí no eran independentistas pero con el tiempo se convirtieron a esa pasión, y lo sé porque aunque nunca hablábamos de política,  he leído lo que escriben y cómo opinan. Ninguno de ellos ni ellas es un fanático, ni un sectario. Simplemente se enamoraron de una idea y empezaron a soñarla.

Yo los respeto e imagino que a estas horas se sienten defraudados y traicionados, porque pensaban que tenían líderes para su causa y han descubierto que quienes decían representarles son unos mediocres, que les han mentido y, llegado el momento de la verdad, han tenido más miedo que arrojo.

No sé qué pensarán mis amigos de los empresarios que se envolvían en la estelada, como los dueños de Freixenet o el presidente del Barça  por poner solo dos ejemplos, que a estas horas ya han sacado sus empresas de Cataluña  en vez de aguantar como jabatos junto con sus seguidores, aunque los que han demostrado su cobardía más palmaria han sido sus políticos.

La historia ensalza o hunde en la vergüenza  a los personajes que aspiran a que sus nombres aparezcan en los libros como próceres,  pero solo los elegidos merecen ser recordados y entre ellos no estará Puigdemont.   Hace unos días escribí que este fanático jamás ha  acabado nada de lo que empezó, y siendo sus anteriores retos muy sencillos era de esperar que en una misión que le venía grande sucediera lo mismo.

Cuando se viven días de furia, pancartas, eslóganes y proclamas épicas, no es de recibo  que el jefe de la revolución se achante, flojee de remos, tiemble de miedo y defraude a quienes creían en él.  No basta con presumir de testosterona si llegado el momento de la verdad la cobardía se mezcla con la indecencia  porque en ese momentos  los supuestos líderes abandonan a sus seguidores.

Pero en esta performance  Puigdemont no ha estado solo. Le acompañaban valientes gudaris que han salido en estampida levantando sus empresas y sacando el dinero de la patria que querían construir, mientras dejaban a los catalanes independentistas de corazón agarrados a la brocha de la inseguridad jurídica y financiera.

Han jugado con sus sentimientos y les han engañado. Han dejado tras de sí una sociedad dividida, unas generaciones enfermas y una economía maltrecha. Han generado demasiadas frustraciones porque eran unos revolucionarios de salón que creyeron que si iban acompañados de los fanáticos de las CUP conseguirían sus objetivos. En definitiva a su condición de ignorantes ahora se suma la de cobardes y falsos patriotas.

Yo no lamento el disgusto de los fanáticos y xenófobos y espero que paguen los platos rotos y las ilusiones engañosas perdidas por el camino.

Cataluña ha tenido la mala suerte de ser gobernada desde la restauración de la democracia por los nacionalistas, salvo los dos periodos en los que los socialistas se alternaron en el poder  con el ímpetu de los nuevos conversos.

Queda mucho trabajo por hacer y deberán ser los propios catalanes quienes recuperen el seny y la dignidad perdida.

Hay pasiones que nacen para ser soñadas porque algunas de ellas si se quieren convertir en realidad pueden acabar siendo suicidas.

Diego Armario