LOS FANÁTICOS SE ARRUGAN

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LOS FANÁTICOS SE ARRUGAN

Horas de peligro en una tarde para la Historia; la Historia como relato de atropellos y acumulación de errores. Se ha cumplido en esta ocasión la predicción de que la política es el Destino, pero los separatistas catalanes no aprenden del pasado: han hecho el ridículo por quinta vez. Proclamaron la República y la suspendieron en menos de lo que se tarda en decirlo. El PP los acusa de locos, la CUP de traidores y el Gobierno de España considera inadmisible la declaración de independencia.

Cuando el general Valeriano Weyler, cara de reptil, cuerpo de enano, instinto de chacal, fue capitán general de Cataluña en la Semana Trágica y antes en la guerra de Cuba, le cantaban: “Mi querido Valeriano / cuando te vayas de aquí / te llamarán Valery /porque habrás perdido el ano”. Ese tipo de generales y guerras ya nos se dan en el siglo XXI, pero si existen los mercados y la Europa democrática que lucha contra la plaga del nacionalismo.

Ayer, en plazas de banderas pero sin pájaros, tractoradas, furgonetas, refuerzo de fronteras y aeropuertos, volvieron a España los corresponsales extranjeros como cuando doblaban las campanas. En un Parlament blindado, con una hora de retraso, por discrepancias con la CUP, la montaña no parió un ratón, sino una cucaracha: Puigdemont proclamó la República catalana en un Estado independiente, pero inmediatamente propuso retardar los efectos de la DUI para abrir un proceso de diálogo.

Los descendientes de la burguesía y los de los charnegos y soubrettes organizaron un motín para que llegara la independencia y ahora tendrán que esperar hasta las calendas griegas. En las horas previas observé ira contenida en el seno del PP. “En el partido había quien creía que Gobierno es un cagón y algunos ministros han presionado para que se actuara antes y con más contundencia. Al final gana Rajoy“.

Carles Puigdemont, un mediocre alcalde provinciano, un tipo sin magnetismo ni carisma, con una pulsión autodestructiva entró ayer tres segundos en la Historia. “Es un hombre de palabra aunque se hunda el mundo. Se siente muy bien en la historia”, me dice Pep Martí Vallverdú del Nació-digital (soberanista).

Anna Gabriel Sabaté quería acabar con la política como coto de caza de los partidos y Antonio Caños, unos de los fundadores del partido asambleario, declaraba que el objetivo no era tanto crear una república como lograr que el pueblo catalán recupere la soberanía. Confesaba que no era independentista. “Yo soy como el gay de una familia de legionarios”. Los de la CUP han salido decepcionados del teatrillo.

Raúl del Pozo ( El Mundo )