LOS GENEROSOS

jordipuji

LOS GENEROSOS

Hoy lo sabemos. Con una tenacidad digna de la homérica Penélope, Jordi Pujol dedicó su larguísimo mandato a tejer pacientemente las estructuras para un futuro Estado catalán. El plan era sencillo: tener todo el tinglado armado por si algún día España flaqueaba y era posible lanzar el gran envite. Ese instante de zozobra española llegó con la tremebunda crisis de 2008. El malestar por la devastación económica supuso el abono perfecto para que los populismos pudiesen sembrar sus semillas. Ciudadanos golpeados por la crisis buscaban desahogarse políticamente dando una patada en la espinilla al sistema. Hubo dos movimientos que lo entendieron y echaron queroseno al fuego: el populismo separatista, que inició su escalada justo cuando España lidiaba con primas de riesgo de 500 puntos; y el populismo radical de izquierdas de Podemos, lanzado por el tándem televisivo Roures-Iglesias.

El nuestro es un país singular. No existe otro en el orbe más generoso con sus enemigos. Mientras se aplicaba con astucia a ir demoliendo España, Pujol era saludado por cronistas y políticos de la Villa y Corte como «un hombre de Estado». El «honorable» recibía homenajes en Madrid y hasta lo condecoraban. En lo que hoy parece un sangrante sarcasmo, llegó a ser distinguido con la Orden del Mérito Constitucional. El «establishment» que tira de un país -su clase política, su intelectualidad y sus empresarios- no ha sabido defender a la nación. Unos flaquearon con silencios ominosos. Otros directamente le tendieron la alfombra roja al enemigo. Duele evocar que hasta anteayer mismo en TVE, la televisión pública española, se le hacían amables entrevistas al golpista Junqueras, con sonrisas y preguntas abiertas, para que diese su mitin sin réplica.

El trato que recibió Jaume Roures es un ejemplo más de lo que un castizo llamaría «un Estado tontolaba». En 2005, con un dedazo sectario y arbitrario, Zapatero otorgó a Roures, conocido por sus filias comunistas, la última concesión de un canal analógico en abierto. Posteriormente, en julio de 2012, el Gobierno de Rajoy flexibilizó las condiciones que había fijado Competencia y facilitó la fusión de La Sexta y Antena 3, estableciendo así uno de los dos pilares del oligopolio televisivo español, una anomalía europea. Con esas dádivas, Roures se hizo multimillonario (siendo troskista). Se convirtió en el rey del fútbol de pago en España (siendo proseparatista). Un mes antes del 1-O, ejerció de anfitrión en su domicilio de una cena conspiratoria con Junqueras e Iglesias. Mientras remaba en el núcleo duro del golpe separatista, tal y como destapó ayer la Guardia Civil, jamás recibió un solo reproche alto y claro de PP, PSOE o Ciudadanos, porque los políticos temen a esas televisiones.

Luis Ventoso ( ABC )