Los golfos del Sur y los tontos del Norte

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Los golfos del Sur y los tontos del Norte

En los pasillos de Estrasburgo la cosa está que arde porque el holandés Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, ha dicho que los europeos del Sur, entre los que estamos nosotros, nos gastamos en alcohol y mujeres el dinero con el que la Unión nos ayuda para salir de la crisis.

El orgullo patrio se ha adueñado de la mente y la palabra de nuestros europarlamentarios que le han pedido que rectifique o dimita. Su acusación infundada ha levantado ampollas – podría haber elegido otro sinónimo, pero me vale éste – entre los políticos españoles, excepción hecha del independentista catalán Ramón Tremosa que, con tal de diferenciarse, ha dado a entender que los del procés nunca van de putes

Yo lo único que les pido a ustedes es que miren por un momento la foto de este caballero y díganme si no tiene pinta de que le falta un hervor, le sobra gomina y tiene cara de estar mal follado.

Jeroen Dijsselbloem, ha afirmado que como socialdemócrata cree en la solidaridad pero que los ciudadanos de los países del Sur que recibimos ayudas de la Unión Europea, no podemos gastarnos ese dinero en vicios.

No sé si cometo un exceso al afirmar que tal vez todo se deba a un trauma de juventud provocado por un día que, de jovencito, se fue al barrio rojo de Amsterdam, se paró ante uno de sus escaparates, negocio el precio, pasó, dio un gatillazo y salió como había entrado: con el rabo entre las piernas.

Sé que estoy frivolizando la afirmación aunque pienso que solo así se puede abordar este asunto, porque quien se atreve a proclamar una mentira excesiva, se convierte inmediatamente en un tonto con balcones a la calle.

Cuando ha visto que le caía la del pulpo ha intentado arreglarlo diciendo que le hemos malinterpretado, que es lo que hacen todos los políticos cuando la cagan, porque ninguno tiene los redaños suficientes para admitir su error, y siempre optan por llamarnos imbéciles y duros de entendederas.

El tal Jeroen Dijsselbloem, es “un bocas”, un “malagriao”, y se ve que necesita un tiempo de reflexión antes de decir la siguiente tontería.

Esperemos a que el próximo fin de semana que es cuando, con un güisqui en la mano, pagado de su propio bolsillo, pergeña sus frases más lúcidas.

Diego Armario

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