Los primeros

gallinitas

Los primeros.

Estos revolucionarios de tribuna se quejan ahora del gallinero. Vendedores ambulantes de andrajos, apologetas de la sordidez, azotes de lo establecido; ellos que han llegado hasta aquí haciéndonos sentir corruptos y culpables por nuestro estilo de vida libre, confortable y aseado, ahora sabemos que no quieren tomar el cielo sino nuestra butaca, y no quieren abolir la riqueza sino poder al fin gastar como unas histéricas. Trileros, gañanes, nuevos ricos de grandes almacenes, haigas de poca monta: no quieren ser los últimos que serán los primeros, sino los primeros como el niño repelente que siempre se queja porque nunca le toca, y que no comprende que nunca porque siempre protesta. ¡Trabaje, hombre! Ni que sea un poco. En la Liga de los mayores, no te pones a llorar cuando te toca columna o gallinero.

Los que despreciaban la formas quieren ahora disfrutar de ellas. Los que daban lecciones de austeridad quieren ahora atiborrarse con nuestro pastel de la opulencia. ¿No éramos tan cínicos? ¿No era tan vil nuestro sistema?

Todas las butacas del Congreso son igual de dignas y desde cada una de ellas hombres de honor defendieron con valentía y talento sus ideas. ¿Qué problema hay con las filas de atrás? ¿Qué problema puede tener la extrema izquierda con lo trasero? Es vuestro caldo de cultivo, es vuestra demagogia, así engañáis a vuestro público. Os pega el gallinero, tendrías que regodearos en lo que vuestra ubicación tiene de metafórica y de estética. Os han hecho un favor, pero en vuestra infinita torpeza no habéis sabido comprenderlo.

¿Por qué queréis ser los primeros? ¿Qué hay en las filas primeras que tanto os agrade, y tan de repente? ¿No erais los de los círculos? ¿No erais los de la calle? ¿No erais los de la barricada? ¿No erais de insultar a los que estábamos delante?

Sois los Ceaucescu de la política española, los abrigos de piel de Elena, la primera fila de los horteras. Revolucionarios de poneros morados en la despensa, escarnio de cualquier bandera.

Desde bancadas mucho más pobres gritaron los que no tenían voz y se pusieron en pie los que no tenían piernas. Siempre dignísimos, nunca se quejaron. Sois la pantomima del parapeto, la burla sangrienta de tantas, tantas esperanzas.

Salvador Sostres ( ABC )

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