MACRON, UNA COSA ES PREDICAR Y OTRA DAR TRIGO

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MACRON, UNA COSA ES PREDICAR Y OTRA DAR TRIGO

El presidente francés, que hace apenas unos meses fue calificado como la gran esperanza contra el populismo y los radicalismos en Europa, está empezando a notar que no es lo mismo predicar, es decir, presentarse en unas elecciones con un programa que no ha sido puesto en práctica, y otra dar trigo, o sea, tomar decisiones que, en algún caso, rompen largas tradiciones en un país.

Le ha pasado esta semana cuando se supo del intento de la empresa italiana Fincantieri de comprar los astilleros franceses STX, de Saint-Nazaire. Macron ha decidido nacionalizar la compañía gala -eso sí, temporalmente- para evitar que caiga en manos extranjeras al considerar los astilleros un sector estratégico para el país. El estatalismo siempre ha estado presente en los gobiernos franceses, fueran éstos del signo que fueran, pero sorprende que Macron, que hace gala de su liberalismo y, sobre todo, que se presenta a sí mismo como el gran salvador del espíritu europeo, proponga las mismas soluciones, que hablan más del nacionalismo económico que de la libre competencia empresarial transfronteriza.

Lógicamente, la decisión no ha sentado nada bien en Italia y se ha venido a sumar al malestar existente por el problema de la inmigración. El presidente francés distinguió a los inmigrantes entre “políticos” y “económicos” y se negó a prestar auxilio a quienes llegan en busca de trabajo, descartando así apoyar a Italia en su reivindicación de ayuda a sus socios de la UE.

Macron también tiene problemas dentro de Francia y ha visto caer drásticamente su popularidad en apenas un mes. La sociedad rechaza la reforma laboral que quiere implantar y ha sido tachado de autoritarismo al propiciar la destitución del jefe del Estado Mayor del Ejército, el prestigioso general Pierre de Villiers.

El Mundo

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