MAÍLLO CONTRA LOS RATOPINES

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MAÍLLO CONTRA LOS RATOPINES

Pese a ser persona de letras, Antonio Maíllo, portavoz de Izquierda Unida en el Parlamento andaluz, ha aprendido a operar con diligencia para que le salgan exactas las cuentas y a tirar la caña con el mar revuelto. El golpe ha sido de astucia. Demuestra Maíllo conocer los latines y los griegos como nadie cuando advierte, con la que está cayendo, que España necesita reconstruirse. Lo del olor a «podredumbre», sin embargo, lo refiere por unos súbitos conoceres en biología de andar por casa, por su casa política.

Donde no hace mucho se mangoneaba, cargos en cajas de ahorro y empresas públicas mediante, en exacta proporción a los votos que aportaban los comunistas a la perpetuación del régimen. Trata Maíllo de limpiar su parte proporcional de la cloaca para no recordar a los ratopines, un género singular de roedores que sabe resistir sin respirar el tiempo en que los de su familia taxonómica habrían muerto por falta de oxígeno. Le está costando lo suyo, pese a sus afanes, porque son unos supervivientes estos marxistas, tal como es el ratopín, esa especie calva de ratón que centra varias investigaciones punteras por su particular modo de vida en las galerías subterráneas del África subtropical.

Adaptados a ambientes con escasez de aire oxigenado, el ratopín habita el subsuelo como las abejas lo hacen en los panales. En la cúspide de la jerarquía, la reina, la única fértil del grupo, que provoca además la esterilidad del resto mediante el rociado de su orina castrante. Se parece a lo que ocurre cuando el macho (o la hembra alfa) dirige con eficacia a su partido político. Y en ésas anda Maíllo, incapaz por ahora de desligar la peste a podredumbre del orín que abunda en su madriguera. Se merece suerte… y capacidad de resistencia ante las hordas podemitas.

Lucas Haurie ( La Razón )

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