MAÑANA ERA HOY

Barcelona, 26.10.2017 Primer día del pleno de Parlament de Catalunya en la que se debate el alcance del articulo 155 de suspensión de la autonomía catalana que será controlada por el gobierno central. El líder del PSC Miguel Iceta.  Foto: Santi Cogolludo

MAÑANA ERA HOY

Ayer, me reconcilié durante un rato con esa herramienta de atropellar conciencias, vulnerar derechos y pervertir el sentido natural de las palabras, que es la lengua catalana en manos del separatismo, viendo en TV3 el debate parlamentario sobre el debate consigo mismo del Hamlet de la Fregona, grotesco personaje que al modo de Chico Marx representa el problema de la Ramoneta cuando la pillaron haciendo la calle en Robadors.

Hablaba Iceta y estuvo, dentro de su línea inmoral, sencillamente extraordinario. No era menos electoral su discurso que el de Inés Arrimadas -bueno, porque era el mismo del pleno anterior-, el de Albiol, peor, porque siempre tiene cara de empleado a punto de ser despedido, o el de Rabell, que me recuerda un anuncio de grandes tallas de un almacén catalán que cerró. Pero Iceta es, sobre todo, un cómico civil, gran avance sobre el clown pedecato, cuya rima me ahorro.

Su discurso fue una gran pieza oratoria porque lo dijo en excelente catalán tras pensarlo mucho y escribirlo bien en español, pero sobre todo, porque lo sirvió con tal suavidad frailuna, tanto pellizco de monja y tanto aroma de Montserrat, que cuando se ofreció para acompañarlo al Senado, me pareció ver una lagrimita -pudo ser una verruga pequeña- en la faz grisácea, cerúlea y anochecida del Molt Honorable Hamlet Vileda.

De pronto, vi a Iceta vestido de fraile -único atuendo que le quedaría como un guante- como uno de aquellos hermanos de la Paz y Caridad que acompañaban al condenado a garrote vil susurrándole al oído palabras de ánimo y consuelo, ya que, en pocos momentos, tras la vuelta de tuerca definitiva, estaría ante nuestro Creador, que tras echarnos del Paraíso, tuvo el gesto de inventar la Misericordia. Por un momento creí que lo absolvía del pecado mortal de golpe de Estado y que el reo le besaba la mano.

Luego desperté y recordé que mañana era hoy, y que hoy sigue el Golpe Nuestro de Cada Día, en los colegios cuyos profesores acosan a los niños, en las televisiones que predican el odio a España con dinero de España, en el racismo de Lloriqueras, en la infinita corrupción pujolista y en la artística vileza de Iceta. Y espero que hoy el Senado no sea el Circo Price para que los cómicos Iceta y Cocomocho rindan homenaje a Pinito del Oro, la mejor equilibrista del mundo sin necesidad del carné del PSC.

Federico Jiménez LoSantos ( El Mundo )