MANIFESTARSE PARA RECUPERAR LOS DERECHOS DE TODOS

bandiz

MANIFESTARSE PARA RECUPERAR LOS DERECHOS DE TODOS

Mañana en Cataluña la mayoría silenciada por el rodillo nacionalpopulista reivindicará, en las calles y sin miedo, su deseo de una España unida y sus derechos individuales como ciudadanos, largamente pisoteados. Una minoría de políticos intransigentes y desleales ha monopolizado el discurso mediático y ha secuestrado las instituciones y la Educación. Y así ha excluido del espacio público a más de la mitad de la población durante mucho tiempo. Más del que la salud democrática podía permitirse sin pagar el precio de la fractura social y el debilitamiento de las instituciones. Pero su acción totalitaria no ha logrado doblegar del todo a una mayoría silenciosa que ha decidido decir Prou! (¡Basta!). Los españoles responden así de la misma forma que en 1997, tras el asesinato deMiguel Ángel Blanco, la sociedad entera se enfrentó a ETA saliendo masiva y decididamente a la calle para plantarle cara al terror asesino.

Porque, aunque a la convocatoria de Sociedad Civil Catalana se hayan adherido PP y Ciudadanos, se trata de una movilización heterogénea, social y ciudadana, en la que los protagonistas serán las decenas de miles de españoles que quieren hablar alto y claro para decirle a los independentistas que desean seguir viviendo juntos y en paz, en un país en el que el procés sea solo un mal recuerdo pasajero. Que quieren ser una comunidad de ciudadanos libres e iguales. Y es por eso, sin duda, una muy buena noticia que el PSC, despojándose de los viejos prejuicios de la izquierda respecto de la unidad de España, haya animado por carta a sus militantes a participar a título personal en la manifestación del domingo.

Y también lo es que Josep Borrell sea, junto a Isabel Coixet y Mario Vargas Llosa, uno de los que leerán el manifiesto de la organización. La situación a la que se enfrenta el Estado de derecho requiere de la unidad de todos los constitucionalistas bajo la premisa de que la solución pasa por derrotar a los golpistas, nunca por convertir en interlocutores a quienes han puesto en peligro la estabilidad política de la nación y el bienestar de todos los españoles.

La reacción de la sociedad civil, que paulatinamente ha venido cobrando protagonismo a través de manifestaciones y caceroladas populares, así como con el compromiso intelectual de muchos medios de comunicación y de personajes de relevancia pública, coincide con la respuesta firme de las instituciones del Estado y de algunas de las principales empresas del país. El discurso de Su Majestad el Rey marcó un punto de inflexión en la respuesta cívica e institucional al desafío independentista.

Gracias al compromiso de Felipe VI, hoy estamos en mejores condiciones de vencer el delirio político que supone el independentismo, un proyecto ideológico reaccionario, ajeno al devenir de la Historia, que ha recibido -como no podía ser de otra forma- la reprobación de la comunidad internacional. En un mercado globalizado no caben las apuestas por la fragmentación en unidades políticas pequeñas y débiles, sino el reforzamiento de organizaciones supranacionales para hacer frente a los retos a los que se enfrentan las sociedades occidentales.

Los ciudadanos de Cataluña y de toda España están escribiendo estos días una de las páginas más dignas y orgullosas de nuestra historia común. El nacionalismo de hoy, como el que provocó las peores guerras mundiales, es una semilla cargada de odio que no debe germinar de nuevo. Oponerse a él es luchar por mantener la convivencia, la tolerancia y la democracia, los valores sobre los que se ha edificado el humanismo europeo. Defendámoslo en la calle.

El Mundo