MAQUIAVELO EN ESCENA

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MAQUIAVELO EN ESCENA

Maquiavelo sigue de moda, más en el teatro que en la vida. Por eso aconsejo a los políticos que vayan a ver un monólogo en el que se funden la vida y la obra del florentino. Verán reflejada su propia existencia: el poder como conspiración permanente, la mentira como virtud política, la corrupción como norma en la oscuridad de los partidos.

Con textos de sus libros y de su correspondencia, se representa desde hace un par de años El príncipe de Maquiavelo, dirigida por Juan Carlos Rubio e interpretada por el gran actor Fernando Cayo. Antes del estreno en el teatro Esquivias de Zaragoza, ha dicho Cayo: “Un buen gobernante necesita siempre de un buen enemigo. Pero el independentismo no es una fuerza tan potente como nos han hecho creer”. El dolor de la traición de estas espantosas semanas está presente en la obra.

Maquiavelo fue un patriota que puso la ciencia y el talento al servicio de la unidad nacional en una Italia a merced de los papas y las repúblicas desleales. España, según Cayo, necesita urgentemente no sólo una solución para Cataluña, sino una revolución cultural. Se hace eco del manifiesto de la Liga de las Mujeres Profesionales del Teatro titulado Una profesión de putas, en el que se pronuncia un alegato contra el acoso sexual y donde se asegura que el teatro es una profesión de depredadores sexuales. Describen su trabajo como “una profesión de hombres y mujeres asustados”. “Los actores -sigue Cayo- lo están pasando mal. También los profesionales del libro y de la educación. Este retraso cultural nos lleva a ser los camareros y hosteleros del país del sol de Europa en vacaciones”.

Hay que recordar que Maquiavelo surge en una república de terciopelo rojo, donde pinta Miguel Ángel. La diosa icono de Florencia no ostenta una balanza de oro ni una espada: tenía un libro en las manos. Y no es que Maquiavelo sea hoy una espectáculo, lo fue desde que publicó su libro para tiranos y demócratas. Según Napoleón, que lo llevaba consigo y lo anotaba cada día: “Tácito ha escrito sólo novelas, Gibbon es un narrador de cuentos de hadas.

El único libro que se puede leer es el de Maquiavelo”. El Che lo transportaba en la moto, el cardenal Richelieulo leía más que el breviario, Lenin Mao se lo sabían de memoria. Para Gramsci -y para Pablo Iglesias-, Nicolás de Maquiavelo es el Prometeo de una nueva época. Le gustaban las habas y la carne ahumada. Apoyó al papa y conspiró contra Roma, fracasó una maquinación contra los Medici y le acusaron de participar en ella. Lo metieron en un calabozo oscuro de Florencia.

Al respirar la libertad, comprendió que en la política medran los canallas: “El poder sólo me trajo desgracia; en cambio, las mujeres, alegría y placer”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )