MARICAS

DIEGOPO

MARICAS

Las bolsas han caído, la prima de riesgo se ha disparado y el euro ha superado al dólar: es decir, la economía tiene  miedo.

Sin embargo los analistas demoscópicos o políticos se resisten a aceptar que se habían equivocado pero ha sido así porque  durante estos meses han hecho mal su trabajo: se mojaban el dedo índice con saliva, lo levantaban hacia arriba y, según viniese el aire de un lado o de otro, hacia sus predicciones sobre quien ganaría  las elecciones presidenciales en los Estados Unidos.

Por eso esta mañana todos se resisten a reconocer su error y le echan la culpa a los estúpidos norteamericanos que se han equivocado al elegir el excéntrico, racista, machista y peligroso Donald  Trump, en vez de haberse decantado por la insulsa, mediocre, irresponsable y huérfana de carisma Hillary Clinton.

Los americanos lo tenían crudo, y como no se fiaban de ninguno de los dos candidatos, una mayor parte del electorado ha votado al que representa la mayor incorreción política imaginable para gobernar un país lleno de contradicciones que aún o ha superado el racismo contra los negros o los chicanos.

Las cosas suceden en democracia porque lo deciden así los votantes, y vivimos unos tiempos de populismo en los que se van quedando con el culo al aire los políticos de todo el mundo que aburren a los electores con una falsa corrección política, que es el escudo que utilizan para tapar sus verdaderas vergüenzas.

Para explicar lo que está sucediendo con los populismos hay que  tener en cuenta el hastío de unas sociedades que han agotado su capacidad de aguante ante la insensibilidad de quienes nos gobiernan desde hace décadas.

El voto al populismo no es un voto racional sino de despecho o de venganza, que no resuelve nada pero sirve de válvula de escape para un cabreo colectivo.

Clint Eastwood que más que apoyar a Trump se manifestó en contra de la señora Clinton, dijo que los Estados Unidos es un país de maricas, refiriéndose a los demócratas, pero al mismo tiempo calificó de mierda los discursos políticos de los dos candidatos.

Tal vez tenga ahora la ocasión de hacer una película de guerra intergaláctica con un presidente como el millonario rubio oxigenado que quiere levantar una muralla en la frontera con Méjico.

Nos esperan tiempos de inquietud, y ojalá que no se contamine Europa en los próximos procesos electorales, porque cada ver que  gobierna un país un  fanático sin formación ni nivel intelectual y escasas convicciones morales más cerca estamos del precipicio.

Diego Armario

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