Metástasis de estupidez

comprobado

Reflexionar no debería ser un acto ocasional, pero hay gente que lo hace un día cada cuatro años, y esa es la razón por la que nos va tan mal como nación , a pesar de que algunos no sean conscientes del drama.

Somos un país el que vivimos – convivir es solo una ilusión- dos mitades que no se soportan porque se creen incompatibles.

Los españoles – incluso los que siéndolo no quieren reconocerse como tales – hemos hecho metástasis de irá, de rencor, pero sobre todo de estupidez y, gracias a esa evolución degenerativa, llevamos camino de ser objero de estudio por los historiadores del siglo que viene, pero sobre todo por los antropólogos del futuro.

Pasados los años se dirá que, España, uno de los pueblos más antiguos de Europa desapareció como tal, aunque por suerte su idioma se conservó como una de las lenguas más habladas por la humanidad.

Habrá genetistas que , un par de centurias después, seguirán intentado descubrir qué virus maligno tuvo tamaña fuerza destructiva para hacer desaparecer a tantas generaciones de individuos, y la explicacion oóóó no la encontraran en las células de los hombres y mujeres que por entonces pervivan como descendientes de los antiguos pobladores de que siglos atrás se llamó España, sino en el instinto cainita y suicida de sus antepasados.

En las Universidades se crearán nuevas cátedras para estudiar este fenómeno, y es plausible que el grupo de investigadores que logren un reconocimiento científico por su labor, sean los expertos en una nueva disciplina llamada Estupidiogía.

Habrá historiadores que buceen en los libros , periódicos y en las hemerotecas o vivideotecas aquella etapa, buscando una respuesta a tanta estupidez colectiva, y se sorprenderán al constatar que los políticos de aquellos años, jaleados por los periodistas del momento, eran más mediocres, más egoístas,y menos valientes que los ciudadanos a los que gobernaban.

Esa conclusión posiblemente sea poco rigurosa porque la sociedad que se suicidó fue cómplice de los errores de sus dirigentes a los que siguió apoyando, no por simpatía a los suyos sino más bien por odio a los contrarios.

Un grupo de los descendientes más radicales de aquellas generaciones desaparecidas, vivirán clandestinamente y se reunirán cada septiembre para recordar que, aunque los demás no lo saben, ellos son independientes.

Diego Armario

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