MIEDO A TENER MIEDO

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MIEDO A TENER MIEDO

Hay gente que pasa por la vida de puntillas o  se pone de perfil para que no se note su presencia  en este mundo que cada día se parece más al lejano Oeste, donde cualquiera lleva el revolver cargado y dispara a matar socialmente  contra quien ose llevarle la contraria.

No  quisiera hablar en este momento del mundo del periodismo en el que el director de El periódico de Cataluña, Enric Hernández,  aparece estos días como un héroe simplemente porque ha tenido la osadía de publicar una noticia contrastada, y al mismo tiempo como un villano traidor porque ha elegido ejercer de periodista y no de mamporrero del poder.

Se convierte en noticia y en un acto de valentía  – que tal vez en Cataluña en estos momentos sí lo sea –  que un periódico, que como otros más recibe sustanciosas subvenciones de la Generalitat,   ose publicar una noticia veraz que deja con el culo al aire a quienes ocultan información y mienten desde el poder sobre un asunto tan grave como los lamentables atentados de Barcelona y Cambrils.

Enric Hernández  sabía perfectamente que en el oasis catalán  existe de antiguo  la conciencia  de que es mejor  no hablar de asuntos que todo el mundo conoce, porque allí  la crítica al poder  siempre  ha sido antipatriótica.

Pero yo no quería hablar hoy  de los que cobran por contar la verdad cuando la conocen, sino de los otros paisanos o payeses que no se dedican a este oficio y que hace tiempo decidieron guardar silencio para evitarse complicaciones.

Hoy en día  si escribes o hablas, por ejemplo,  sobre el Islam en el contexto de la violencia  del terrorismo yihadista, tienes que tener en una mano el bolígrafo en la otra el papel de fumar para cogértela cuidadosamente no vaya a ser que ofendas alguna sensibilidad, porque enseguida te llaman islamófobo por el simple hecho de hacerte preguntas en voz alta.

Si hablamos de la violencia en el ámbito familiar, obviamos que entre los que profesan esa fé  no está mal visto pegarle a la mujer para que regrese a la obediencia de su marido, o casarse con niñas menores de edad, porque hay asuntos que aunque hieran la sensibilidad de unos es mejor no tocarlos porque hieren la hipersensibilidad de otros.

Salvo los numerosos enloquecidos de la ultra derecha y la ultra izquierdas que cabalgan por las redes sociales a lomos del insulto y la descalificación de cualquiera que piense diferente a ellos, hay gente que no se atreve a decir por escrito lo que piensa sobre cualquier asunto político, social, religioso o moral, porque tiene miedo  a significarse, no vaya a ser que los  policías de lo políticamente correcto carguen contra ellos.

El miedo solo consuela a los miedosos pero al final no les protege porque, en esta vida y en esta época que nos ha tocado vivir, situarse en tierra de nadie es un error, además de una cobardía.

Diego Armario