MORIR CATALÁN

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MORIR CATALÁN

Cuando el conseller de Interior de la Generalitat, Joaquim Forn, matizaba en TV3 que en el atentado de Barcelona habían muerto “dos personas catalanas y dos personas de nacionalidad española” enseguida me vinieron a la cabeza otros titulares que ya forman parte de la historia del periodismo, como el de “Dos personas y un gitano resultan heridas en la calle Alfredo Abella”, o mi favorito: “Mueren un hombre y un señor en un tiroteo en Valencia”.

La entidad contraria al independentismo, Societat Civil Catalana, y la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, se llevaron las manos a la cabeza con las palabras de Forn, confirmando principalmente lo poquísimo que ven TV3, y ya no digamos Telemadrid, o la Televisión de Galicia, o la IB3 balear, donde el ejercicio diario consiste en la identificación autonómica de seres humanos, que inmediatamente se separan de las del resto del Estado español al mismo nivel que las extranjeras. No es política de empresa, es su razón de ser, extrapolable a la prensa local de cualquier región del mundo. Lo impropio habría sido que Forn lo hubiera soltado en TVE, o que directamente hubiera dicho “dos personas de nacionalidad catalana”.

De buena gana lo hubiera dicho alguien de la Asamblea Nacional Catalana, quienes animan a utilizar senyeras o esteladas para solidarizarse con las víctimas, justo cuando en el minuto de silencio de la Plaza de Cataluña habíamos entendido que lo mejor es no sacar ninguna. Si identificar a una víctima es una tarea complicada, ya no te digo autonomizarla o nacionalizarla. Lo fácil es utilizarla, y ya no digamos a los vivos.

El borrador de la Constitución catalana contempla que los ciudadanos de Baleares o de cualquier otra región de los denominados Països Catalans podamos pedir la nacionalidad catalana, lo que llevó al Parlamento balear a aprobar en 2013 una proposición no de ley que declaraba que los Països Catalans no existen. La situación ha llegado a tal punto que yo mismo, que aún creo que soy gallego, no tengo tan claro con qué nacionalidad voy a morirme.

 Es posible que hasta sea dado por muerto varias veces, como gallego, como catalán, como español en proceso de desconexión, y como balear involucrado en una ley de transitoriedad. Me consuela el hecho de que podría dar lugar a titulares tan maravillosos como aquel del Diario de Pontevedra que decía: “Fallece por segundo día consecutivo una mujer de 103 años”.

Ricardo F. Colmenero ( El Mundo )