MORIR EN UN SUBMARINO

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MORIR EN UN SUBMARINO

Los que nos dedicamos desde hace años a inventarnos historias para que parezcan que son ciertas aunque las disfracemos de ficción sabemos lo que es construir un relato, que es un término literario que desde hace algún tiempo ponen en su boca los políticos para significar  que deben elaborar un discurso creíble, si pretenden que los ciudadanos les voten.

No está mal que se esmeren en transmitir mensajes coherentes porque por lo general casi todos tienen un alarmante déficit de credibilidad y les resulta muy difícil decir verdad porque su condición de mercaderes les lleva a vender una cosa y la contraria, según sea el auditorio que tengan delante.

No hace falta llamarse Puigdemont para poder mentir en varios idiomas y contradecirse con otras falsedades unas horas después, porque el prófugo más coñazo de lo que llevamos de siglo  no es el único que desbarra sin límites.

El síntoma más alarmante del deterioro intelectual y ético de nuestros tiempos está precisamente en esa falta de relato que lleva a muchos ciudadanos  a resumir su pensamiento en dos, tres o cinco frases, que todas juntas compendian su arquitectura mental.

Basta con decir  ” España nos roba”, o “ España es una mierda”  para conseguir que una sociedad a la que gratuitamente todo el mundo le ha otorgado la condición de ser la más culta, moderna, europea y tolerante, se abrace a un trapo de mercadillo mezcla de bandera cubana y estelada,  para que sus delincuentes les parezcan personas honorables.

Pero casi todo está inventado porque fue José Luis Rodríguez Zapatero el que puso en práctica la teoría política de que “hay que aliarse con los enemigos de tu enemigo y convertirlos en tus amigos… aunque  no tengan nada que ver con tu ideología.

Eso es lo que están haciendo, con éxito, los tarambanas del procés que han conseguido reunir al cutrerío más zafio e inmoral  que existe en España, con los que no dudan  compartir cualquier espacio público o privado, siempre que apoyen su causa.

En cambio España sí necesita recuperar un relato para que la gente tenga un argumento serio a la hora de apoyar a unos u otros, y ese relato no tiene que ser fundamentalista como algunos pretenden, sino simplemente descriptivo.

No hay nada más peligroso que intentar buscar la verdad absoluta en un momento en que cada uno está buscando la suya en el mercadillo de las ocurrencias.

El riesgo que corremos es el de morir en un submarino – mi recuero y mis respeto por los marineros argentinos desaparecidos a bordo del Ara San Juan – y utilizo este dramático símil porque es la imagen que tengo de quienes viajan a bordo de ocurrencias  y se sumergen para aislarse de los demás.

Diego Armario