MOSTRAR LA FUERZA

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MOSTRAR LA FUERZA

El presidente Trump está sentando las bases de una nueva convivencia en que “los enemigos de Occidente” -como tituló ayer ABC- no tengan la sensación de barra libre que tuvieron con Obama y que todavía tienen con ese brindis al sol de la nada que es la ONU y con la demasiadas veces demasiado cobarde Unión Europea. La mejor manera de no tener que acabar usando la fuerza es enseñarla, y hacer incluso manifiesta ostentación de ella. Lo saben bien los dueños de las más concurridas discotecas, que sitúan a vistosos gorilas en sus accesos para disuadir a los clientes con ganas de gresca.

Pese a todos sus defectos, el mundo libre es hoy la más codiciada sala de fiestas del planeta y aunque no renunciamos a usar la fuerza si no nos queda más remedio, preferimos que nos baste con mostrarla para ahorrarnos el recuento de cadáveres. Somos la Civilización por algo.

Lo que en cualquier caso no nos podemos seguir permitiendo es el pacifismo buenista que consiste en que el islamismo nos mate mientras nos dedicamos a insultar a los Estados Unidos e Israel como si su libertad no fuera nuestra libertad y sus vidas no fueran las nuestras.

El presidente Trump es un empresario y como tal tiene un particular estilo de llevar las negociaciones, no siempre comprensible para todos, que ya es de lo que se trata. No todo le saldrá bien, pero si al final ganamos más de lo que perdemos nos habrá ido mejor que con la deprimente decadencia que arrastrábamos. De momento, desde que llegó al poder, la economía americana no ha parado de crecer, así como la creación de puestos de trabajo. Sus enemigos, en cambio, han agotado las formas de insultarle por una cosa y la contraria y no hacen más que dar vueltas sobre sus vulgarísimos prejuicios como bobalicones ensimismados.

Salvador Sostres ( ABC )

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