NI VASALLOS NI SEÑOR

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NI VASALLOS NI SEÑOR

La mejor prueba de que el «road show» de Pedro Sánchez se diluye sin encarnadura ni solidez es que ha enviado a Andalucía, a recabar avales en la tierra de Susana Díaz, a Odón Elorza y a Zaida Cantero. Un histórico alcalde de San Sebastián venido a menos, carente de peso orgánico, y refugiado en un escaño regalado por cortesía del partido con la cuota de prejubilados meritorios; y una mujer no militante insertada en las listas a la fuerza, y a espaldas del partido, como mero reclamo artificial de Sánchez contra el machismo.

Será difícil que Elorza y su discurso lindante con el independentismo cuajen en las agrupaciones de Cádiz, Huelva o Sevilla. Y será imposible que Cantero pueda ser presentada en ninguna «casa del pueblo» de Almería, Granada o Córdoba como referente intelectual de cualquier rama del socialismo. Es de suponer que Sánchez medita su candidatura sumido en el desánimo porque el elenco de fieles y abajofirmantes empieza a resultar balsámico, si no jocoso, para Susana Díaz.

La roulotte de Sánchez patina sin rumbo aparente. Sigue amparándose en la idea prefabricada y artificial de que la militancia le respaldará sin fisuras frente a traidores, oportunistas, vengativos y derechistas encubiertos. Pero las semanas no pasan en balde. Sánchez carece de presencia pública y relevancia mediática, emite señales de agotamiento político y abandono emocional de un proyecto creíble, y solo transmite indicios de vendetta personal como motivación. Aliarse con Podemos frente a la derecha y pactar con el independentismo como solución a los males del PSOE suena ya a soniquete vacío. Empieza a ser como la madre de Marco, siempre ausente, siempre perdida.

Mientras, la gestora cose a destajo. O lo intenta. Con González, Zapatero, Rubalcaba… A este ritmo, Sánchez será el último en darse cuenta de que ya no dispone de herramientas para desactivar la idea de la gestora de limitar el poder real del secretario general frente al resto del partido, o de maquillar las primarias para que no sean un freno a las maniobras del aparato. Con Sánchez, no hay vasallos ni señor…

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