Ninguna pena puede darnos

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Ninguna pena puede darnos.

El PSOE no se abstendrá el sábado en nombre de ninguna generosidad ni para salvar la democracia, sino para escapar de la carnicería que para ellos habrían sido unas terceras elecciones.

Los motivos del «no es no» de Pedro Sánchez son tan egoístas y mezquinos como los de la abstención de la gestora. Los socialistas no se fundieron a su secretario general para defender los intereses de los españoles sino para defender el millón y medio de votantes que habrían perdido si hubiéramos vuelto a votar.

Exactamente igual ha operado Ciudadanos, y con idéntico cinismo ha apelado a la salvaguarda de la democracia por tratar de disimular el pánico que les provocan sus encuestas internas, que les dan no más de 15 diputados.

 Es cierto que Rajoy tendrá que negociar para gobernar, pero es más verdadero, y más interesante, que con su presidencia nos ahorraremos el daño que nos habría hecho el gobierno secuestrado ppr Podemos y por los independentistas que, por mucho que lo niegue, nunca dejó de intentar Pedro Sánchez.

Los que creen que oscuros y difíciles tiempos se acercan para el presidente Rajoy no pueden estar más equivocados. Echar a un presidente en España es tan difícil que no ha pasado nunca, y eso que mala leche no nos ha faltado. Y si tan complicado le ponen gobernar, basta con que amenace con una nueva convocatoria electoral para que tanto socialistas como Ciudadanos recuerden su fragilidad y sean los primeros interesados en continuar.

El PSOE tiene que desprenderse de la vieja chatarra del odio al PP y asumir que se parece mucho más al centro derecha de Rajoy que a la extrema izquierda pancartista y descerebrada de Podemos. Sólo así recuperará la centralidad, la credibilidad y la vocación mayoritaria. Tendrá también que buscarse un secretario general más valiente y más inteligente que el señor Sánchez, y una inspiración intelectual que parta del compromiso con la libertad basada en la responsabilidad mucho más que de la tontuna repetición de eslóganes y clichés que no llevan a ninguna parte.

Salvador Sostres ( ABC )

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