NO CABE LA BARRA LIBRE PARA INJURIAR

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NO CABE LA BARRA LIBRE PARA INJURIAR

La democracia se articula a través de toda una red de garantías que protegen, antes que nada, al ciudadano frente al Estado. Pero una Nación no es sino la suma de todos sus ciudadanos y requiere también de mecanismos de amparo necesarios para la convivencia. Viene esto a cuento de las interpretaciones espurias que algunos están haciendo de la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, que condena a España por la pena de cárcel a dos manifestantes que en 2007 quemaron una foto de los Reyes.

El fallo lo considera un acto de libertad de expresión. Pero no cabe colegir que la quema del retrato del jefe del Estado o de la bandera nacional esté amparada siempre. Ningún derecho, tampoco el de expresión, es absoluto.

El delito de injurias a la Corona está recogido en nuestro ordenamiento del mismo modo en que la práctica totalidad de los países europeos castigan la profanación de sus símbolos. Y no cabe meter en el saco de la libertad de expresión las vulneraciones del Código Penal. Los independentistas catalanes están organizando mascaradas para quemar fotos de Felipe VI en distintos municipios, alentados por el fallo de Estrasburgo.

Y, a la vez, como hoy publicamos, la Fiscalía ha empezado a pedir que se deje de actuar contra publicaciones en las redes en las que se califica al Rey con lindezas como “despreciable”. Urge que la Justicia deslinde el grano de la paja, si es que no queremos que algunos se lleven la misma democracia por delante.

El Mundo