No existe un mundo perfecto

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No existe un mundo perfecto.

Si nos creemos lo que cuenta la biblia sobre Adán ,Eva, Caín y Abel, el mundo  nunca ha sido perfecto y, a medida que transcurre el tiempo lleva camino de no mejorar. Por eso empiezo a pensar que la única clasificación que podemos hacer de los que en él vivimos es la de gente que golfea porque puede,  y gente que no golfea porque no puede.

Espero que nadie se me enfade tan pronto y que acaben de leer esto que escribo, porque algo de razón encontrarán en mis palabras.

Es cierto que la mayor injusticia está en la generalización, pero salvadas todas y v cada una de las honrosas excepciones que conocemos o imaginamos, lo que no es verdad es que la política convierta en corruptos a los que se dedican a ella, sino que es la condición humana la que conduce a aparcar los valores morales de quienes saben que hacen mal  cuando roban,  y sin embargo delinquen.

En todas las conversaciones escuchamos cómo cualquier persona lamenta la corrupción política como si los que se dedican a este noble oficio fuesen de una raza extraña que un día desembarcaron en nuestro país, provenientes de otro mundo.

A veces el que critica a los políticos es también un corrupto que, a pequeña escala, engaña a Hacienda, paga mal a sus empleados o se lleva a su casa material de la oficina convencido de que esas cosas no son tan graves.

Todos tenemos vocación de predicadores o de Torquemadas, y en cuanto disponemos de la mínima oportunidad queremos quemar en la hoguera a los golfos famosos, y de esa tentación tampoco se libran ellos, como es el caso de Mario Conde que, si se demostrase que es cierto lo que sospecha la policía judicial, estaríamos hablando de un señor que está recuperando el dinero que siempre dijo que nunca robó, y al mismo tiempo todos los días imparte lecciones de ética desde Inter economía Televisión.

Pero lo de Mario Conde es un ejemplo de actualidad y por eso lo incluyó en este relato como también podría referirme a políticos que van de inmaculados criticando a los otros cuando tienen también la mochila cargada de material pestilente.

No vivimos en una sociedad de dirigentes golfos y ciudadanos honrados. Vivimos en un país en el que esté libre de pecado debería tirar la primera piedra, aunque estoy persuadido – porque esto lo estamos viendo todos los días – que más de un sinvergüenza tiene el zurrón lleno de cantos para descalabrar a su colega de fechorías que está en enfrente.

Diego Armario

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